Sólo pedimos un menú digno
La pasada noche del 31 de diciembre un gran llagar a las afueras de Oviedo, muy reconocido, celebró un evento para despedir el año en el que además de las habituales cenas hubo diversas fiestas, conciertos, autobuses gratuitos, etc. Yo tuve que trabajar con una de las bandas que actuaron en el escenario y asistí a lo que a continuación relato.
Resulta que en el establecimiento debían dar la cena a algunos de los músicos, al menos al grupo con el que yo estuve y al parecer a otros. Pero, y este es el motivo de mi carta, lo que nos echaron encima de la mesa no puede considerarse cena de ninguna manera. No al menos si quien lo dispone es una empresa con el prestigio que se le supone. Literalmente nos dieron las sobras, los fondos congelados de los arcones de vaya usted a saber qué año y con un sinsentido gastronómico digno de mención. No voy a entrar en detalles para no estomagar a los posibles lectores y no me cabe duda de que cualquiera de las veinte personas contadas que estuvimos en esa mesa podemos calificar aquello de porquería.
El grupo de rock con el que he tenido el privilegio de trabajar esa noche y otras muchas tiene cuarenta años de carretera a sus espaldas y como es de suponer hemos visto de todo. Pero se me ocurre que en un lugar con el reconocimiento a nivel asturiano en el que se perpetró tal cosa debería ser más cuidadoso con esos pequeños detalles.
Quizás a sus responsables les parezca que a los rockeros se les puede dar cualquier cosa que ya la metabolizan ellos con sus drogas, o algo así, porque no se me ocurre otra razón para que en un establecimiento con mil entradas vendidas y más de ciento veinte cenas con cotillón no se pueda disponer de un sencillo menú digno para unas personas que están trabajando, y más aún en una ocasión como la Nochevieja en la que hasta en los albergues se les hace algo especial a los indigentes.
Quede claro para los ajenos a temas de espectáculos y contratación que las comidas o los alojamientos suelen ser una forma de pago en especie, por si alguien estuviera tentado de pensar que se nos dio una especie de limosna. No, señores del famoso llagar, lo que ustedes hicieron esa noche no es más que un insulto que, afortunadamente, no deslució el buen humor que hubo a pesar de todo en aquella mesa, conjurados por cierto, y en lo sucesivo, a mencionar ese lugar en negativo el resto de nuestras vidas. Feliz año.
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