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Arbitrariedad de las ITV en Asturias

18 de Enero del 2015 - Juan Luis Díaz González (Oviedo)

Soy propietario desde 1996 de una motocicleta adquirida de segunda mano a un buen amigo que la tenía muy cuidada.

Después de veintiún años de antigüedad, el vehículo tiene todas las piezas originales y un buen mantenimiento y cuidado.

Sobre el mes de abril de 2003 un vehículo me golpeó en un giro indebido y, a consecuencia de ello, la motocicleta en cuestión fue peritada y reparada en el taller Pit Lane, en la avenida de Torrelavega, Oviedo, por Samuel Roza Álvarez, recientemente fallecido (d.e.p.) y entre otras reparaciones me sustituyó los conductos del líquido de frenos (denominados comúnmente latiguillos) por otros de garantía indefinida, recubrimiento metálico que, proporcionando el mismo tipo de frenada que los originales, tienen la indiscutible ventaja de ser mucho más resistentes al paso del tiempo y las inclemencias.

Es de reseñar que cualquier fabricante de vehículos recomienda la sustitución de dicho recambio al cabo de unos cuatro años, puesto que el caucho absorbe humedades y puede cuartearse y deformarse, con el riesgo que esto entraña.

En febrero de 2014 me dispuse a tramitar la revisión para poder venderla, pues apenas le doy uso y me hacía falta algo de dinero.

Y he aquí que con el clero hemos topado.

Tras cuatro inspecciones consecutivas con el visto bueno de la ITV de Pruvia, me dirijo a Mieres para pasar el trámite.

Como aperitivo y buen hacer, me encuentro con la desagradable sorpresa de que no me aceptan un billete de 100 euros para hacer el pago de la tasa porque la maquinita no lee la banda del mismo. Tras una larga conversación con la empleada, ésta me dice que debo ir a un banco a cambiarlo; que si la máquina no lo lee, tiene instrucciones de no darle validez.

Oiga, si yo intento colarle un billete falso, su deber es avisar a la autoridad; y si la maquinita está deteriorada, digo yo que tendrán que homologarla (palabrita que tanto les gusta, pero para los aparatos ajenos). El Banco de España no otorga veracidad plena a dicho procedimiento y mucho menos teniendo la obligación de tocar, mirar, girar.

Pues nada, no hubo manera: viaje a Mieres y el empleado del banco no daba crédito (no es un juego de palabras) a lo ocurrido.

Ya de vuelta en la estación de ITV, tras 25 minutos de espera (más la ida y vuelta a Mieres), otros treinta minutos de inspección.

Al acabar, el operario me indica que debe considerar la inspección desfavorable puesto que los latiguillos de freno no son los originales y los tilda de reforma de importancia.

A ver, señor mío: estos latiguillos llevan puestos once años y jamás me pusieron ninguna pega, advertencia o reparo en las anteriores cuatro revisiones pasadas.

Conclusión: ni caso, hablo con el responsable de la ITV y aunque reconoce en privado que incluso son de mejor calidad, su respuesta es tajante: la ley es la ley

Pido cita con Pablo Guimarey, que es el responsable en Asturias de las ITV, y tras muchas llamadas consigo reunirme en la estación de ITV de Siero.

Tampoco entra en razón y considera que la inspección es negativa.

Ante tamaña cabezonería, consigo que me reciba el director técnico y de calidad, Celestino Pérez Rodríguez, y por tanto responsable último de las ITV de Asturias.

Tras una hora de circunloquios, palabrería, e incluso diapositivas, su altanería y pedantería más que manifiesta lo lleva a la conclusión de que se trata de una reforma de importancia y como ejemplo para ilustrar su razonamiento me enseña una foto de un automóvil con unas molduras en las defensas (esas que venden algunas tiendas de repuestos para evitar arañazos) y con una estulticia asombrosa llega a la siguiente conclusión: si ese vehículo no pasa la inspección, ¿cómo la va a pasar tu motocicleta?

Ante semejante razonamiento, ya no supe si reírme o echarme a llorar, puesto que ninguno de los tres responsables que aquí cito inspeccionó la motocicleta que nos ocupa; no parece interesarles a ninguno comprobar el correcto funcionamiento e instalación del recambio.

Dicho esto, parece obvio que ellos no hacen correctamente su trabajo (dicen que no detectaron el cambio en las anteriores inspecciones) e insisten en que dicho recambio procura mayor frenada y, por tanto, pone en riesgo el resto de componentes; afirmación totalmente falsa e infundada, para eso está su frenómetro y cualquier mecánico o ingeniero les aclararía que la fuerza de frenado es exactamente la misma, con la salvedad de que hay menos riesgo de fuga de líquido o desfallecimiento de la misma... vamos, todo ventajas.

Como opción o alternativa, me puse en contacto con una empresa de homologación autorizada y ¡sorpresa! sólo enviando una foto de la documentación y la motocicleta, eso sí, previo pago de 300 euros, los latiguillos, por arte de magia, pasan a ser totalmente legales y seguros.

O sea, ¿un director técnico y de calidad es rebatido por una empresa particular sólo por el mero hecho de abonar 300 euros? ¿Esto qué nombre tiene?

Al criterio del lector lo dejo.

Como último apunte, reseñar que me he puesto en contacto con diversas ITV de varios puntos al azar de España y sólo es en Asturias donde ponen pegas; en el resto me confirman que si las piezas están en buen estado, bien instaladas y cumplen su cometido, no hay ningún problema.

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