Dimita, señor González Buendía
Quiero sacar a flote un tema que ha estado muy olvidado en los últimos tiempos en las noticias de Asturias: el debate de las infraestructuras. Asturias es una región que ha sufrido un aislamiento secular hasta la llegada de la democracia. En 1976 se inauguró la Autovía A-66, conocida popularmente como la Y griega por su forma característica. Fue la primera vía de alta capacidad en Asturias.
A día de hoy el debate de las infraestructuras se puede dividir en dos asuntos diferenciales: la red viaria de alta capacidad y la red ferroviaria de alta velocidad. En ambos asuntos, la gestión del Gobierno del Principado de Asturias desde el año 1999 ha sido nefasta. Retrasos, paralizaciones, falta de fondos, problemas de ejecución, argayos, falta de enlaces... todo un cúmulo de despropósitos al que los asturianos parecemos condenados por un Gobierno regional que no tiene agallas para ponerse firme ante Madrid y exigir las inversiones, los plazos y las actuaciones que son necesarias.
Nadie es ajeno a los problemas que esta región sufre a consecuencia de la climatología. El clima de Asturias es muy específico de esta región, con fuertes y frecuentes precipitaciones. Los problemas que esta climatología causa se manifiestan a diario en la deficiente planificación de las infraestructuras que tenemos. Nadie es ajeno al hecho de que la Autovía Minera (AS-I) ha sufrido tres importantes argayos en la temporada de lluvias del pasado otoño, siendo el más grave de ellos el que afectó a la boca norte de los túneles de la Zorera, entre los concejos de Siero y de Langreo.
En Langreo estamos acostumbrados a la incapacidad del Gobierno del Principado, pero esta vez el caso es sangrante: el desprendimiento que inutilizó los túneles tuvo lugar el 26 de noviembre de 2008, y hasta mayo de 2009 no fue aprobada la licitación de la reparación, proyectada a 10 meses vista... es decir, que la obra terminará en marzo de 1010. Estamos hablando de 16 meses de trabajos para reparar un argayo que, por otra parte, no hubiera tenido lugar si al ejecutar el proyecto se hubiera tenido en cuenta la difícil climatología de la región. Un año y cuatro meses para reparar un desprendimiento en una de las principales vías de alta capacidad de Asturias.
La incapacidad manifiesta del Gobierno del Principado para hacer frente al argayo de la Autovía Minera palidece si lo comparamos con la tomadura de pelo a la que nos está sometiendo el Ministerio de Fomento desde que llegó al Gobierno el PSOE en 2004. En aquel momento, se iniciaba la construcción de la variante ferroviaria de Pajares y de los tramos pendientes de la Autovía del Cantábrico (A-8) en el occidente de Asturias. Hoy, 5 años después, aún se encuentran sin finalizar ambas obras. En el caso de la variante ferroviaria, la causa es la sibilina manipulación del proyecto original aprobado por el Gobierno del PP con el ministro Álvarez-Cascos, a través del PEIT 2005-2020 (Plan Estratégico de Infraestructuras del Transporte 2005-2020) aprobado por el Gobierno del PSOE, en el que Asturias se ve atracada sin piedad y sin vergüenza, despojándonos de los fondos y de los plazos para finalizar las obras. En el caso de la Autovía del Cantábrico, han retrasado un sinfín de veces las fechas previstas para la apertura de los tramos pendientes, que en el caso de Otur-Villapedre será de 4 años sobre la fecha inicial prevista.
El porqué de esta vergonzosa situación lo encontramos en la incapacidad manifiesta del presidente del Gobierno del Principado, don Vicente Álvarez-Areces, para plantar cara al ministro de Fomento y exigirle que cumpla inmediatamente con los compromisos adquiridos con Asturias. Pero en el marco del asunto, quien demuestra una mayor incapacidad es el consejero de Infraestructuras, el señor González Buendía, pues a día de hoy ha demostrado que la única función que tiene es calendar el sillón de la Consejería de Medio Ambiente, Ordenación del Territorio e Infraestructuras.
Así que señor González Buendía, por favor, demuestre que es capaz de presionar a su Presidente para que, a su vez, presione al Gobierno central para que cumpla sus compromisos con Asturias, o si no se capaz, dimita y cédale a otro el sillón, a alguien que de verdad sepa defender los intereses de Asturias.
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