Discutir con necios
Nunca discutas con un tonto porque quien os viera podría no notar la diferencia. Cito a Kant como preámbulo de mi consideración. En ocasiones se generan debates innecesarios, pues el argumento de una de las partes es en sí insustancial. Cualquier persona normal, con un mínimo de conocimientos y alejada de algún tipo de fanatismo, no puede estar en contra de los premios "Princesa de Asturias", pues con ellos básicamente se reconoce con mayor o menor acierto a la excelencia de la humanidad, es como estar en contra de los Nobel o de los "Planeta" y, si me apuran, en contra de la Copa de Europa. El relumbrón que proporcionan a la región es un valor añadido y hay poco más que agregar.
Se puede estar en contra de la monarquía, ese es otro cantar, yo mismo no estoy de acuerdo con su existencia, pero tratar de derribar los galardones como si fueran parte de ella es, sencillamente, cosa de necios. Se puede y debe estar a favor de la transparencia en cuanto a los recursos públicos que se utilicen para el evento. No hace falta ser creyente para admirarse del Románico o de las pirámides mayas. Es decir, se puede ser ateo recalcitrante como yo sin dejar de admirarse de un retablo barroco o quedar intrigado por el simbolismo de una ermita medieval. Parece mentira que haya que aclarar esto, pero así están las cosas.
La mayoría de las personas e instituciones reconocidas históricamente con estos premios, no me animo a decir todas, le hacen mucho bien a la humanidad y son motor de empuje para un mundo mejor, basta repasar superficialmente sus trayectorias para que a un bien nacido se le ponga la piel de gallina.
Aprovechar la atención de los focos para reivindicar no es mala idea, y es legítimo, algunos deben servirse de cualquier resquicio para hacerse ver, otra cosa es medir mal los momentos o los reclamos. Muñoz Molina, premiado hace un par de años, una persona juiciosa y no casada precisamente con las fuerzas reaccionarias, contestó a la pregunta sobre los manifestantes que quedaban a las puertas del acto más o menos en la misma línea, vino a decir algo así como que se ejercía así un derecho legítimo, posiblemente justo, pero que lamentaría que toda esa fuerza se quedara en una pobre bandería. Los derechos, la justa lucha, deben sustanciarse en mucho más que lo que pida la visceralidad. Si no se pelea con inteligencia la guerra está perdida. Desconsuela comprobar que algunos no se molesten en atender este tipo de cosas y sólo se miren sus entrañas.
Deseo una revolución que cambie el mundo para mejor, y en ese mejor no pueden faltar reconocimientos y apoyo de toda condición a la excelencia. En la Edad Media, o en el Afganistán de hoy, a la excelencia se la quema y derriba, merece la pena recordarlo. Bertrand Russell, otro muy, muy alejado de la derecha, dijo y dice que cuando el respeto falta en una revolución se acaba yendo al caos o a la dictadura. Recomiendo lecturas para evitarnos chorradas a todos, aunque sean tebeos o las recetas de los medicamentos, lo que sea.
Yo lamento que cualquier idiota consiga voz aprovechando el evento y así confirmar un pobre coeficiente intelectual y una adscripción ideológica bastante más que mejorable. Esto reza igual para quienes esperan horas para decirle guapa a la Reina y para los que se organizan y gritan que los premiados deberían venir en autostop y dormir en pensiones para ahorrar costes, algún memo en esta misma sección apuntaba en esa dirección. Pero no pienso discutir para que no me confundan con ellos. Lo que lamento es que con su proceder tan corto de miras tiran piedras contra su tejado que es el mío.
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