El cura de Granda responde
Me llamo José Manuel Pidal Cardeli y soy el párroco de Granda, además de Colloto, y respondo a María del Carmen Fernández Álvarez. Coincido con usted en que la muerte, en sí, es muy triste, sobre todo para la familia y en especial en este caso, para la esposa y los hijos. Es lo más triste que puede suceder a una familia. Y yo me solidarizo absolutamente con todos ellos, con la esposa, hijos y familiares de don José Celestino (q.e.p.d.).
Dicho esto, quisiera añadir que no necesita usted decirme que “me digne a pedir disculpas”, porque lo primero que hice al llegar a Granda fue reconocer, ante un hijo del difunto, que se me había olvidado, que lo sentía mucho y que les pedía disculpas. Y ahora reitero mi petición de disculpas por un olvido totalmente involuntario, que yo lamento el primero.
Y yo quiero reivindicar mi derecho a equivocarme, a cometer errores y a tener olvidos. Simplemente porque no soy un ser perfecto sino que soy humano y, como tal, limitado a imperfecto. Yo me equivoco a veces, yo cometo errores, yo tengo olvidos. Y, como dice Jesús, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Lamento que nadie tenga que sufrir por mis limitaciones humanas, pero nadie tiene derecho a concluir que yo voluntariamente haya fingido un olvido para hacer sufrir más a una familia que pasa por unas circunstancias muy tristes y dramáticas y que, si estuviese en mis manos el poder evitarlo, no dudaría ni un segundo en hacerlo.
Entrando ya en sus afirmaciones concretas, yo quisiera matizarlas:
1. Sobre el tiempo de retraso, LA NUEVA ESPAÑA dijo que fueron 20 minutos y usted lo sube a 30...
2. “El pasado 30 de septiembre se enterró a J. C. G. en Granda (Siero)”, pero no se enterró en Granda...
3. “Después de una breve misa da por finalizado el sepelio”; “sepelio” significa el entierro de una persona, pero no hubo entierro, no hubo sepelio.
4. “Sin dar responso, la paz, ni la bendición...”.
Lo que se hizo fue una misa funeral de cuerpo presente, sencilla, normal y completa, y amenizada por un señor que cantaba muy bien y muy acertadamente por cierto, y al que yo autoricé para que pudiese intervenir. Y no sé de dónde saca usted que no di la paz, ni la bendición, ni el responso. Todo eso existió en la misa que yo celebré el 30 de septiembre por don José Celestino García en Granda. Y una prueba de lo que digo es que terminé el funeral agradeciendo, en nombre de la familia, la asistencia a todos los que llenaban la iglesia de Granda con estas palabras:
“Antes de separarnos, los familiares de José Celestino nos quieren expresar su agradecimiento a cada una de las personas que hemos participado en esta celebración, porque su dolor por la muerte de su familiar se ve mitigado por nuestra presencia y por el testimonio de la fe y de la esperanza cristianas que aquí hemos celebrado”.
Y al domingo siguiente, el 4-10-15, pedí en la misa parroquial de Granda por el eterno descanso de José Celestino... Por eso, considero muy desproporcionados e injustos sus calificativos cuando afirma: “Bajo mi punto de vista, es vergonzoso e inmoral el comportamiento de dicho cura...”.
Y termino con la siguiente oración:
“Te damos gracias, Señor, por tu hijo José Celestino, por el bien que hizo a lo largo de su vida, por la paz, la bondad y la amistad que sembró a su alrededor. Admítelo a contemplar la luz de tu rostro".
”Te pedimos que no haya nada de su vida que perezca en el futuro; que lo que era bueno, noble y justo para él sea respetado por los que le siguen en la vida; que lo que hizo de importante y de hermoso continúe vivo en nosotros. Concédele, Señor, tu recompensa por todo el bien que ha hecho".
”Sé Tú mismo el consuelo para todos aquéllos a quienes su muerte ha afectado más de cerca. Que sus familiares y amigos y todos aquellos a quienes entristece esta separación te den gracias, Señor, por haberle conocido y querido, y que les consuele el pensamiento de que José Celestino sigue viviendo junto a Dios y, también, cerca de todos los suyos. Amén”.
José Manuel Pidal
Colloto
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