Corbyn, Valls, Pedro Sánchez y Bernie Sanders
Anunciaba estos días el dirigente del PSOE Pedro Sánchez que se sentía más cercano al francés Manuel Valls que al británico Jeremmy Corbyn. Puesto que es práctica habitual en los políticos distanciarse de sus homólogos peor valorados para acercarse a los que tienen mayor respaldo, choca que Sánchez opte por un Valls que perdió las primarias del Partido Socialista francés, con tan sólo un 5,6 por ciento de votos (quinta posición), frente a un exultante Corbyn, que arrasó en las primarias del Partido Laborista británico, en las que obtuvo un incontestable 60 por ciento de votos. Esta preferencia, extraña en cualquier político español, lo es más en el líder del PSOE, partido éste tradicionalmente experto en esconder bajo la alfombra a aquellos militantes que no cuentan con apoyo popular. Muy reciente es el caso del presidente Zapatero, con el que el PSOE parece no querer tener ninguna relación.
La única conclusión razonable a este extraño comportamiento es que ni el PSOE ni Pedro Sánchez han sido capaces de comprender el momento actual de la izquierda europea. Y es que si miramos a Francia, vemos a las bases del PS (e incluso a muchos de sus diputados) rebelándose contra las políticas neoliberales de Valls y clamando por un giro a la izquierda; si miramos a Reino Unido, nos encontramos con Jeremmy Corbyn y la vuelta del laborismo británico a los postulados del socialismo democrático; si miramos a Grecia, vemos cómo la incapacidad del PASOK para llevar a cabo políticas socialistas ha terminado por sepultar a este partido, aupando a otras opciones a su izquierda. Incluso en Estados Unidos, meca neoliberal desde los tiempos de Reagan, surge un candidato socialista con fuerza (Bernie Sanders), por un partido demócrata en el que, según una reciente encuesta, la mitad de sus bases prefieren una economía socialista que una capitalista.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el auge de los partidos socialistas, así como la capacidad dialogadora de la democracia cristiana, permitió la edificación de un Estado del bienestar que elevó la calidad de vida de toda la población europea. Nunca se había visto, en toda la historia de la humanidad, un nivel de desarrollo económico y social como el que el socialismo democrático aportó a Europa durante esos años. Los gobiernos de Clement Attlee, Tage Erlander, Olof Palme o François Mitterand lograron reducir la desigualdad social, garantizando derechos sociales y laborales elementales, y profundizando en la democracia económica. La crisis de los setenta y la revolución conservadora de Reagan y de Thatcher de los ochenta imprimió un viraje ideológico reaccionario no sólo a la derecha, sino también a la izquierda. Así, la socialdemocracia europea pasó a defender los dogmas económicos neoliberales, abandonando los ideales de la socialdemocracia y del socialismo democrático, y abrazando una nueva doctrina ideológica, que se ha venido denominando socioliberalismo. La crisis de 2008 (mucho más profunda que la de los años setenta y sólo comparable con el "crack del 27", ocurrido también en plena vorágine ultracapitalista) tiró por tierra las tesis económicas de la derecha, pero también las del socioliberalismo, que, en el fondo, eran las mismas. Los ciudadanos europeos se dieron cuenta de que no habían conocido mayor prosperidad que la vivida durante los avances llevados a cabo por el socialismo democrático y viraron, de nuevo, hacia posiciones de izquierda. A partir de ahí podemos entender los cambios en la izquierda europea, que avanza, de nuevo, hacia el socialismo democrático. Sin embargo, Pedro Sánchez parece no haber entendido nada y seguir plantado en el socioliberalismo de los noventa o, incluso, emprender un viraje en dirección contraria al del resto de Europa, más hacia la derecha, aceptando, incluso, la reforma laboral de Rajoy.
Por ello, cada vez que alguno de los compañeros que, de una forma muy admirable, siguen luchando por devolver al PSOE a sus orígenes me pregunta por qué los socialistas críticos de Alternativa Socialista no nos integramos en el PSOE, yo respondo lo mismo: no hay posibilidad de reformar el PSOE. No hay un Jeremmy Corbyn o un Bernie Sanders español, sólo hay muchos Manuel Valls. El socialismo ya no está en el PSOE. Y por eso los socialistas hemos tenido que reagruparnos en otro partido.
Francisco José Rey García,
portavoz de la gestora fundacional de Alternativa Socialista de Asturias
Oviedo
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