No necesitamos lecciones de nacionalismo
Llevamos semanas enzarzados a través de los medios de comunicación hasta hartarnos del asunto de la independencia de Cataluña, con sus dimes y diretes, si tienen mayoría o no, si es constitucional, etcétera. Mientras los asuntos del país siguen tan mal como siempre.
No sé si es intencionado, pero esta pelea entre independentistas y españolistas les viene muy bien al Gobierno de Rajoy y a las huestes de Artur Mas. Se hacen la campaña mutuamente, sacando cada uno pecho en defensa de sus valores patrios y nos envuelven en sus banderas, para distraernos de lo que realmente nos preocupa.
Es un tema importante en cuanto lo que significa el Estado español, pero en los tiempos que corren no llegará la sangre al río, porque cuando les interesaron pactos, -modificación constitucional- bien que se pusieron de acuerdo, sin preguntarnos al resto de la ciudadanía cuál era nuestra opinión.
Lo triste, lo lamentable es que entre tanto no se habla lo suficiente de que el paro, esa lacra silenciosa que destruye al individuo y a las familias, sigue cabalgando desaforado, salvo para el PP, dejando a la mitad de los desempleados sin ayudas y reduciéndose cada vez más las prestaciones a quienes las tienen.
El empleo, con contratos que son deleznables por las condiciones de trabajo y los salarios que conllevan, haciendo cada vez más pobres a los trabajadores, que no tienen alternativa a las ofertas miserables del llamado mercado. Horas extra sin cobrar, mensualidades atrasadas, trabajos a destajo como autónomos, finiquitos firmados de antemano, etcétera. Una vergüenza sindical y política en una España europea del siglo XXI.
El Estado del bienestar que teníamos está siendo desmantelado silenciosamente, anestesiándonos, privatizando la sanidad como alternativa a la pública colapsada; la educación sin becas y con menos enseñantes. Las pensiones, salvavidas familiar, son congeladas de facto, precarizando los últimos años de vida a los mayores. Una ignominia.
Sin olvidar el horrible espectáculo de los refugiados, tratados como el ganado, saltando las fronteras entre países con alambradas, mientras los mandatarios discuten si yo acojo más que tú, cuando, en realidad, no hacen absolutamente nada para remediar una tragedia humanitaria provocada por sus intereses económicos y geoestratégicos.
¡Pero lo que pinta es la independencia catalana! Cuando, con todo el respeto al derecho de los pueblos a decidir su destino, los de abajo tenemos que estar cada vez más unidos para enfrentarnos a los de arriba y no necesitamos lecciones de nacionalismo, pues lo único que pretenden es perpetuar los intereses de los poderes fácticos.
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