¿La Complutense contra Platón?
La prensa cuenta estos días que el rectorado de dicha institución se plantea la desaparición de la Facultad de Filosofía, materia que ya desde hace años se dice que, prácticamente, se ha desterrado de la enseñanza Secundaria. Según dicho proyecto, Filosofía se convertiría en un departamento de la Facultad de Filología (igual que la fusión de “afines”, el Latín con la Ética, o la Geografía con la Historia del Arte). De lo cual concluye un grupo de filósofos encabezados por Fernando Sabater, en su artículo “¿Por qué sobra la Filosofía”?; que tal plan es un golpe letal para dicha disciplina, y que si no se explican los motivos se podrá pensar que tal fusión obedece a razones inconfesables; añaden que los argumentos que usa la Complutense son poco convincentes, cosa de números, de cuentas, de empleabilidad, pero no de fondo.
Aun no siendo de “Letras”, coincido con buena parte de dicho manifiesto; de hecho, el Bachiller de los años 40 y 50 constaba de tres cursos de Filosofía, que incluían su Historia, Psicología, Ontología, Ética, Lógica y Teoría del Conocimiento. Un pueblo inculto, un país de “especialistas”, es un país manejable. Esta sería una razón inconfesable para devaluar las Humanidades y, entre ellas, la Filosofía. Otro motivo, más al uso, sería el de recortar aún más los gastos en la enseñanza.
En apoyo de los filósofos puede aducirse el criterio de Platón, en “La República”, que también fue el de Aristóteles, de que el mejor sistema de gobierno es el aristocrático, el de los más sabios y mejores, el de los filósofos, entendiendo por tales los que saben pensar –que descubrirían las falacias de los demagogos–, los más competentes y cultos, los que persiguen la justicia y el bien general, no su propio beneficio. Para interpretar las leyes habría jueces independientes, y para dictarlas, legisladores también independientes, con buena cabeza y sentido de la Justicia; Leyes que según Aristóteles estarían orientadas a persuadir y a educar a la población, no tanto a exigir, prohibir y castigar.
El recelo de Sabater y su grupo tiene sentido pues, si al fin mandaran los mejores (los aristócratas del pensamiento y de la ética), bastantes políticos nutrirían las colas del INEM. Resulta paradójico que siendo un mandato constitucional (artículo 103.3) el que el acceso a la función pública se haga de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, no se apliquen tales principios a los estamentos públicos que los promulgaron.
¡La República sí necesita de filósofos!
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