Hálito hispano

14 de Septiembre del 2016 - José Luis López Tamargo (Oviedo)

Lo ibérico e hispánico posee mucha personalidad desde los tiempos en los que se entremezclan mitos, sacralidad y épica. Es un lugar conocido desde la antigüedad clásica. La misma Francia, cuyo modelo centralista es meridianamente inaplicable en nuestro territorio, es posterior en su configuración territorial. Así como Italia, Alemania, Suiza, Austria o el actual Reino Unido británico y de Irlanda del Norte. No digamos países como Noruega, Finlandia o Eslovenia.

Los españoles o "hispani" compartimos legado cultural común, costumbres y mentalidad, heredados de Roma. Todas las lenguas habladas en España son romances, incluso el vasco batúa está repleto de préstamos romances. Ostentamos una lengua universal, compatible con las locales, conocida por más de 560 millones de hablantes. Un verdadero tesoro motivo de expansión.

Suiza, ejemplo de plurilingüismo y diversas comunidades cantonales, goza de una clarísima conciencia nacional. Hay países de "identidad artificial" como Canadá o la mayor parte de estados formados por inmigrantes venidos de todas las partes del planeta, que funcionan muy bien en torno a valores cívicos comunes. En España o Hispania –la propia palabra "español" es un provenzalismo– hay significativos partidos secesionistas cuyo único propósito es dinamitar el llamado "Estado español", considerado una cárcel de auténticas naciones o nacionalidades. De traca, si no fuera dramático. Por cierto, "Estado español" fue la denominación oficial surgida del anterior régimen no democrático el 18 de julio. Tendríamos que identificarnos todos con "lo hispano" como expresión diversa y plural, pero con enorme sentido histórico. Hoy "hispano", a través de lo angloamericano, es asimilado a los latinoamericanos inmigrantes más bien.

España es una nación compuesta o compleja, pero también ha participado en grandes empresas comunes. Frente a la versión ibérica del Imperio austro-húngaro o la imparable balcanización son necesarias soluciones originales. El troceamiento de España es un gran fracaso colectivo, además de una astracanada ante la comunidad internacional, en la que hay huellas indelebles de lo español o "hispano". Las minorías regionales o culturales están muy protegidas en España. Creo que lo español como proyecto prestigioso vive horas bajas. El negocio está en la división suicida, en el confederalismo o el abierto separatismo furioso. Pero España como sinónimo de proyecto de convivencia democrática plural aún está viva y coleando. Porque es la nación de todos.

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