El corazón de la EMA
Te fuiste sin avisar, sin llamar la atención, como corresponde a una persona de una infinita humildad. Faltaban minutos para que, nosotros, tus compañeros, nos marchásemos al vestuario como cada día cuando llegó la triste noticia: Prieto, nuestro Prieto, había fallecido repentinamente.
No podía ser, el corazón de la EMA se detuvo por un instante interminable. Once días después de tu homenaje de despedida te marchabas de este mundo en silencio. Fuiste muy feliz aquel día rodeado de tus compañeros y algún familiar muy querido, rodeado de camisetas que reflejaban fielmente tu figura en un maravilloso dibujo del "Nenu". Una figura menuda que, sin embargo, albergaba un enorme corazón del que damos fe todos aquellos que te conocimos.
Has emprendido el último viaje, cuando menos lo esperábamos todos, a un destino que desconozco, pero estoy seguro de que, dondequiera que estés, te habrán recibido con los brazos abiertos. De todas formas, estoy convencido de que un pedacito de tu alma se quedó con tu familia y otro entre las paredes de tu taller, con tus compañeros de más de cuatro décadas de trabajo.
Hasta las ardillas del monte te echarán de menos cuando la conducción de Los Arrudos se les rompa regando las laderas.
Descansa en paz.
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