Historia de un implante dental
Implantes dentales se colocan muchos. Seguro que la mayor parte de las operaciones y los posoperatorios salen perfectamente porque las cosas se hacen bien. Pero, a veces, surgen problemas y, dependiendo de la profesionalidad de quien opera, se resolverán mejor o peor. Voy a relatarles mi caso. Juzguen.
Me operó (el doctor en cuestión) el 6 de noviembre del año pasado y las molestias posteriores (que atribuía al posoperatorio) fueron el principio de un calvario que duró seis meses. A los pocos días de la operación, una noche, fui alterado por un dolor insoportable; al día siguiente un flemón se convirtió en mi compañero de existencia. Les diré que me habían colocado dos implantes y ese flemón se situaba por encima de uno de ellos. Me hicieron un drenaje y nada. Tiempo después (insistiendo siempre para adelantar fechas de consulta), el doctor me abrió la encía y colocó una membrana (manifestó que había una fisura en el hueso, algo que antes no había y encima me quería cobrar por ello –naturalmente me negué a pagar y no fue a más–). Pasaban las semanas y todo era pus y antibióticos, hasta que decidió quitarme el implante situado por debajo del flemón. En ese momento ya le dije que si lo quitaba no me ponía, otro porque aquello era un suplicio. Me lo extrajo, pero el flemón seguía y me recetó más antibióticos. Pasaba el tiempo y todo igual, así que este doctor me dejó en manos de otro, ya que estimaba (tardó seis meses en pensarlo) que el problema era provocado por una muela situada junto al implante: cualquier dentista hubiese pensado eso cinco meses antes y hubiese evitado abrirme dos veces, hacerme drenajes, atiborrarme de antibióticos y evitarme toda clase de curas constantes y alteraciones emocionales. Al otro doctor le bastaron diez minutos para hacerme una pequeña radiografía y detectar que todo el problema estaba en una muela que, según explicó, a consecuencia del implante, se había manifestado dañada y necesitada de una endodoncia. Me la hicieron (pagándola yo, claro) y en cuatro días (cuatro), el flemón desapareció y con él muchos problemas. Pero no todos, porque el doctor que me colocó los dos implantes y (y me extrajo uno) quiso, encima, cobrarme por los dos, sí, lo que leen, por los dos. Según él, Rocío Jurado fue a Houston a operarse y pagó por ello, aunque luego se muriese «usted paga por el tratamiento».
Todo esto ocurrió en la Clínica Universitaria de Odontología de la Universidad de Oviedo. Presenté una reclamación el 1 de julio (sin respuesta), luego el 14 de octubre ante la gerencia universitaria y obtuve idéntico silencio. Todo el mundo me dice que el asunto merece ser conocido públicamente porque son muchas las personas que se pueden ver afectadas en un futuro. Este doctor es un buen profesional, no se lo discuto, pero conmigo, según lo que expongo y he vivido, creo poder afirmar que no lo fue y salvo que una sentencia lo exija no voy a pagar ni un céntimo. Pero es que además quiero recuperar lo que pagué adelantado.
A todas las personas que vayan a ponerse un implante les diré que antes de hacerlo se hagan estas preguntas: ¿El presupuesto que me dan incluye todo o van a cobrar también por las cosas que, según ellos, vayan apareciendo (en mi caso hablaba de una fisura en el hueso y anduve ágil para negarme) y las complicaciones que les vayan surgiendo? ¿Van a darles copia del contrato que firmen? A mí, no me lo quisieron dar (en mi caso hay algo raro con la firma, pero eso es otro cantar). ¿Todos los medicamentos que tengan que tomar van en el presupuesto? ¿Si les tienen que quitar el implante y no quieren otro les devolverán el dinero? A mí me lo quitaron, se demostró que no hacía falta quitarlo y para no pasar por todo aquello dije que no quería poner otro.
Se me pide que pague por un implante que no tengo y no quiero. No voy a pagar lo que falta. Además, quiero que se me devuelva la parte que pagué y creo que hasta incluso tengo a derecho a ser indemnizado por los daños que todo eso me causó. Esta carta será leída por ese doctor. Si me lleva a juicio tendrá a su favor todo un servicio jurídico, toda una serie de ventajas corporativas y la ventaja de no tener yo un contrato en condiciones (hasta me niega el documento), pero la lógica me asiste y en un juicio se verá hasta qué punto algo más. Si quien le lleva a juicio soy yo supondrá gastarme mucho más de lo que reclamo y encima puedo ganar o perder dada mi inferioridad, así que mientras se mueve ficha escribo esta carta para que otras personas no pasen por lo mismo. Es el derecho al pataleo.
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