Serafín de la Concha y los mineros asturianos
En referencia a la orden del Ministerio de Defensa de retirar de los cuarteles los nombres de militares laureados, desearía informar al secretario de Estado de Defensa, Constantino Méndez, que la cruz laureada de San Fernando no es un símbolo franquista y la gran mayoría de ellas se ha concedido fuera de la Guerra Civil. Su origen se remonta a la guerra de la Independencia y a las Cortes de Cádiz, en concreto al decreto LXXXVIII de 31 de agosto de 1811, denominado «Orden Nacional de San Fernando», y por cierto, cuya iniciativa contó con la decisiva exposición del diputado suplente por el Virreinato de Buenos Aires, D. Luis de Velasco y Camberos.
La ley de la Memoria Histórica no puede significar la renuncia a la más alta distinción de las Fuerzas Armadas que premia el valor heroico como virtud sublime que, como afirma el reglamento, con relevante esfuerzo de la voluntad, induce a acometer excepcionales acciones, hechos o servicios militares, individuales o colectivos, con inminente riesgo de la propia vida y siempre en servicio y beneficio de la patria o de la paz y seguridad de la comunidad internacional.
La cruz laureada es la condecoración militar más alta y más noble que conceden las Fuerzas Armadas, como la tienen otros países, por ejemplo la Cruz de la Victoria británica, la Cruz de Hierro alemana, etcétera, y que por cierto, comparativamente es la más difícil de obtener, pues el candidato se enfrenta a un triple tribunal para demostrar que realizó un acto heroico digno de tal reconocimiento. Leer estas actas del Archivo Histórico Militar es impresionante.
Todos los laureados fueron condecorados no por su ideología sino por hechos concretos que militarmente merecían el reconocimiento de sus superiores y compañeros. Por ejemplo, mi abuelo don Serafín de la Concha la obtuvo a título individual como ingeniero de minas y en casa jamás le escuchamos decir ningún comentario despectivo o engreído contra quienes se enfrentó, quienes, como él, eran mineros asturianos.
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