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El evangelio no es de terciopelo

17 de Noviembre del 2017 - José Fuentes y García-Borja (Oviedo)

Homilía en un retiro de educadores/as de chicas y chicos, “junior de A.C.E.”

Jóvenes: Estamos en los últimos días de la vida de Cristo. Sus enemigos no cejan en su intento de perderle; siempre al acecho, los oídos en tensión, la mirada torva clavada en Él para sorprenderle en contradicción o mentira: es el espionaje oficial que no deja reposo al maestro, le persiguen y le hostigan con preguntas insidiosas y no cejarán hasta verle dar las últimas boqueadas en la Cruz; sin embargo, Jesús apura la paciencia hasta lo insospechado, agota sus recursos para convencerles y atraerles a la luz de la verdad: ¡en vano! Se han atrincherado en su dureza y terquedad: “viendo no ven, oyendo no oyen”, frente a la luz de faro que es el Señor ¡se vacían las cuencas de los ojos para negar la luz de Dios! Esa es la resistencia a la gracia de la conversión y preámbulo a su impenitencia final. Otro intento de Jesús para ayudarles es la parábola de hoy: un padre que manda a sus dos hijos a trabajar en su viña: el 1º le contesta descaradamente que no le da la gana pero luego se arrepiente y va; el 2º dice amén al mandato del padre, pero luego no va. Este segundo hijo retrata a los escribas y fariseos: a todas horas repiten “que son hijos de Abrahán, observantes de la ley y celosos de la gloria de Dios”; pero ni obedecieron a S. Juan Bautista ni a Jesús; por eso el juicio de Jesús es clarísimo: dicen ser “casi como santos”, pero serán excluidos del reino de Dios. Y ya veis, los despreciados publicanos y pobres prostitutas se conmovieron al ver y oír a Jesús su mensaje de salvación, sintieron vergüenza de su vida, hicieron penitencia y ya convertidos unos y otras siguieron al Señor o, en sus pueblos, fueron discípulos que predicaban con alegría la Buena Nueva y la Vida Eterna.

Chicos y chicas: la palabra de Dios no tiene fronteras ni cota de tiempo: nuestro maestro la predicó para todas las edades, personas y culturas, milenios espacios e historia. Duele decir que nuestro catolicismo tiene muchas bellas apariencias de higueras con frondosa hojarasca pero ¡sin fruto!..., pero Cristo siente predilección por esas pobres barreduras morales que producen náuseas a las devotas sin esfuerzo, piadosas sin lucha que responden con mezquina ruindad al diluvio de gracias que Dios les entrega.

¡Jóvenes, no vayamos a creer que Ntro. Maestro hace alabanza de “La vida alegre”, no, lo que quiero decir es que Cristo no se detiene en bellas apariencias: gentes de derecha o de izquierda de siempre, católicas de misa dominical, señores/as de muchas cofradías... y que luego engañan a su mujer o a su esposo cuando se les presenta la ocasión, y para mayor “inri” pagan “jornales de hambre”, empresarios que se justifican con un “andan escasos los ingresos” pero camuflan gastos escandalosos y otros se niegan a aceptar los hijos que ya llegan con sus abortos; y en colectas para los pobres por Cáritas ¿son tacaños? Y son la mayoría en nuestras iglesias: hacen de la religión tapadera de sus... Y cuántos de toda clase tachan a los sacerdotes de desfasados porque les dicen “que no se puede servir a dos señores a la vez, a Dios y al dinero”: a Cristo en la cruz ni a la “dolce vita” ni a la vanidad ni a su superioridad sobre los demás... porque, si es así, ¡hemos hecho una versión de “evangelio de terciopelo” muy suave y hasta elegante, pero tiene un gran fallo: “¡Ese no es el evangelio de Cristo”; y claro, de ahí surgen como hongos los “contratos de hambre”. Lo que no tendría ningún sentido es que nuestra sociedad de 2017 al verse tan deforme y fe hiciera lo de la vieja de la fábula: tirar el espejo para no verse, porque entonces habría que decirle claramente: “Arrojar el rostro importa, que el espejo no hay por qué” (Quevedo). Ojalá que de esta homilía saquemos fruto: nosotros seremos mejores y la palabra de Dios que es Cristo seguiremos viéndola en los pobres. Como pena que muere y se vuelve alegría, el amor vence al odio y el sencillo al soberbio; la luz vence a la sombra y la paz a la guerra.

José Fuentes y García-Borja, canónigo de la Catedral

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