Diagnosis de un primero de octubre
Toda España y toda Europa han contemplado la barbarie de una jornada dominical de referéndum marcada por la más absoluta irracionalidad antidemocrática: cambios en la normativa electoral cuarenta y cinco minutos antes de la subida del telón, urnas opacas llenas de papeletas con el «sí» a priori, ocupación (para nada pacífica) de colegios con las puertas bloqueadas desde la cinco de la mañana, ciudadanos votando más de dos y tres veces, casas particulares y patios públicos convertidos en colegios electorales carentes de ningún tipo de control, declaraciones institucionales de terrible hipocresía -cuando tenía que caérseles la cara de vergüenza- por parte de Puigdemont y el gobierno de la Generalidad, la desleal inacción de los Mossos d'Esquadra, la escalada creciente de violencia en que se convirtieron las tensiones de las últimas semanas.
...stas dos últimas circunstancias, en concreto, han afeado, a ojos de la opinión pública, la labor de la Policía y la Guardia Civil. Aunque saliéndonos de lo políticamente correcto en tiempos de «posverdades» más falaces que otra cosa, queremos defender, desde estas líneas, su actuación profesional y proporcional, por una parte, a la gravedad de los delitos que, por mandato judicial, debían evitar y, por otro lado, a la presión insostenible con que las turbas ciudadanas los acosaban -la mayoría de las veces, no en defensa propia-. Nuestras palabras no quieren hacer apología alguna de la violencia, que nunca es la solución, pero sí desean romper una lanza a favor de quienes, en una posición muy complicada, venían a quitar urnas fraudulentas y hubieron de responder a multitudes que, aun dentro de su libertad, por enrocadas en su propia posición, dificultaban enormemente su trabajo. Una lanza a favor de los cuatrocientos guardias civiles y policías heridos, cuyas lesiones no son más relevantes que las de los otros heridos, pero tampoco menos. Dos imágenes se nos quedan grabadas en la retina para no caer en un maniqueísmo exacerbado que distingue injusta y arbitrariamente a «buenos» y a «malos»: dos Guardias Civiles, uno, recibiendo el cobarde proyectil de una silla, que lo postraba irremediablemente por los suelos, y otro, haciendo recapacitar a un padre, que estaba exponiendo al peligro a su desprotegido hijo.
Cambiando de tercio, las reacciones de las calles y las de las redes, en la mayoría de los casos, han culpabilizado de manera exclusiva al Ejecutivo central, ignorando el rotundo hecho de que las actuaciones policiales, no tanto represivas cuanto garantes de una legalidad fracturada, respondían a las decisiones de la Judicatura (muchas veces incluso de magistrados catalanes), primera reconocedora de la ilegitimidad de la «movilización» con máscara de consulta electoral celebrada el domingo.
Con una mirada racional, desnuda de sentimientos nacionales y de emociones políticas desbocadas, pretenderemos presentar ahora un paisaje lo más aséptico posible. Lo cierto es que lo que hemos vivido todos ha sido una verdadera farsa: el Govern se ha atrevido, pese a unos resultados transparentemente inadmisibles e incluso antes de darlos a conocer, a continuar, sin tener en cuenta a la mitad de Cataluña y sin mirar atrás, con el llamado procès. El referéndum no parece haber sido entonces más que una tapadera para justificar un paso previamente decidido. Pero no sólo esto, sino también una maniobra política que, ante la «represión» decretada desde Madrid, ha logrado sembrar su panteón independentista de «mártires» políticos y les ha permitido erigirse en «víctimas» ante la opinión pública.
Por tanto, y poniendo por delante nuestra condena de toda violencia, exhortamos a no caer en tramposos engaños: la actuación policial ha sido propiciada única y deliberadamente por la irresponsabilidad política y la osadía flagrante, en contra de la ley, de un Gobierno autonómico que ha perdido motu proprio el norte y que tan sólo actúa pensando en la consecución, a toda costa y al precio que sea, de sus aspiraciones. El moderno pucherazo y el caciquismo oligarca de Junts pel sí y de la CUP son la expresión más rancia de una política que no es moderna ni democrática, sino un fraude demagogo cuyos medios son el falseamiento electoral, la mentira burda y continuada sobre la Historia común y, a juzgar por los últimos hechos, la perversión más descarada y terrible de la realidad.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

