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Esta partida la jugamos todos

17 de Octubre del 2017 - José Viñas García (Oviedo)

Cuando los temas importantes están en juego, la partida no es solo de cuatro mindundis que pretendan apropiarse de la baraja ¡aquí, jugamos todos! Pero, no a la carta más alta, encima de la mesa deben estar las reglas de juego bien definidas para todos. En este juego la suerte está echada, no debe quedar nada al azar, no se trata de ganadores o perdedores; la única estrategia permitida en este "juego de la democracia" es dentro de nuestro estado de derecho, quien pretenda atajos para cambiar las normas que entre todos nos marcamos, debemos inhabilitarlo de inmediato y sin miramientos ponerlo frente al juez. Aplicar el buenismo a los delincuentes es debilitar la Justicia y nuestra democracia. La jurisprudencia estaría respaldada desde la misma incapacidad de nuestro gobierno y los tribunales.

No podemos estar perdiendo tiempo y dinero, poniendo en juego nuestra recuperación por unos individuos que sustentan su insubordinación a sentimentalismos y la rememoración de una historia cargada de dirigentes nefastos, aún peores de los que ahora nos quieren llevar a repetir los mismos errores y luchas internas por territorios que nunca les perteneció a ninguno de ellos. Las tierras son y están para convivir las personas, no para usarlas cómo arma y propiedad de quien ha tenido la suerte o mala fortuna de que su mamá le pariera en un lugar determinado. Decía Josep Borrell: "Las fronteras son cicatrices grabadas en la piel de la tierra. No levantemos más".

Estos que abogan por el sentimentalismo de tiempos pasados de su terruño, podrían muy bien hacerlo sobre devolver la esclavitud, la pena de muerte, las santas cruzadas a su parcela basándose en los mismos argumentos y sentimentalismo de antaño ¿Seríamos tan permisivos con ellos con estos sentimientos, cómo los somos con el tema de la independencia?

Amigos míos, les recomiendo que lean la columna de Antonio Rico, siempre profundiza con sarcasmo o sin él, en todos los temas que toca, otros, incluidos los comentarios de opiniones sensatas cómo él dice, apelan al sentimentalismo cuando tratamos situaciones de tal envergadura, que resumir una sedición y golpe de estado en sentimentalismos, tratando de justificar tamaña locura y desafío al resto de la sociedad es hacer digna la banalidad. Define muy bien Rico, los sentimientos (totalmente de acuerdo): que son la parte más vulgar, irracional y voluble de la conducta, la que más atonta y aísla.

Los sentimientos además de volubles, son frívolos, intemporales, caprichosos y manipulables. No se puede dejar cómo cimiento de un Estado de derecho a los sentimientos por buenos que nos parezcan. Lo vemos incluso en el sumun del sentimiento más profundo, que puede estar representado en la familia, la amistad y en el amor. Pues en todos estos casos, si el sentimiento no va ligado y sustentado en otro tipo de ligaduras personales de compromiso firme, responsabilidad suprema, intereses varios, etc. los sentimientos cómo tal duran y perduran hasta que desilusionan, y el desengaño, engaño, la mentira, el odio, egoísmo, insolidaridad, rencor y otros factores se apoderen de lo que solo comportaba un pasaje entre personas imperfectas e ilusiones incumplidas.

Cada cual, íntimamente puede tener los sentimientos que le dé la gana, ampliarlos y hacerlos desaparecer a su antojo; pero cuando se quieren usar cómo base sólida para afrontar lo importante y se contraponen a nuestros Estado de derecho y el respeto a las leyes que entre todos nos dimos; los sentimientos de cada cual que se los meta por donde le quepan.

Los temas trascendentales no debemos dejarlos en manos de mentes nostálgicas y cargadas de sentimentalismos, que mientras añoran el pasado, dedicándose a revivirlo, nos entretienen a todos; y dejamos pasar el presente sin haberlo vivido, echándose encima el futuro sin haberlo preparado.

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