La bandera española, a sus mástiles
El Rey, en su discurso del día 3 de octubre, lo ha dejado muy claro, todas las autonomías deben de respetar las reglas del juego, y eso pasa necesariamente por cumplir la Constitución.
La Constitución es la ley de leyes, ninguna puede estar por encima en jerarquía y tampoco ningún parlamento autonómico puede hacer leyes que colisionen con esta norma suprema, ni se salgan de sus límites constitucionales, y eso Cataluña no lo ha respetado, por lo que se ha apropiado de un parlamento autonómico de forma golpista, sacando hordas de separatistas a la calle, estableciendo el desorden ciudadano, enfrentándose a las fuerzas del estado soberano, con una policía autonómica que debe obediencia al estado español pero que se ha tornado sediciosa, dejando a la Guardia Civil y Policía Nacional a las patas de los caballos el día 1-O de votaciones ilegales, prohibidas por el Tribunal Constitucional y el poder judicial.
Se aprovechó para crear conflicto y mostrar imágenes engañosas de gente herida con fotos falsas, antiguas, y se realizó un plebiscito burdo, donde los votantes podían votar las veces que quisieran en distintas urnas, como quedó demostrado, con gente que lo hizo y que llegó a votar, incluso hasta Michael Jackson, pero las imágenes recorrieron la redes sociales, se extendieron por todo el mundo de forma fraudulenta y engañosa. Lo que se pretendía era dar una imagen de víctimas ante el mundo, y eso ciertamente lo han logrado.
Lo que no trasciende en la redes sociales son los 6 millones de catalanes silenciados, que no se atreven a decir nada porque tienen que vivir en Cataluña, una tierra maravillosa, secuestrada por un millón de ciudadanos aburguesados y parias que esperan el idílico paraíso que nunca va a llegar, cuando los máximos promotores e ideólogos del separatismo están metidos hasta las cejas en la corrupción, léase los Pujols, Mas, etc. ¿Esos son los que os van a dar el paraíso soñado?
Y no suficiente con esto, Puigdemont proclama una huelga general el día tres, coactiva, programada, promocionada, pagada por el gobierno autonómico, o sea todos los españoles, contra nosotros mismos, y al día siguiente el inconsciente y enardecido presidente Puigdemont le exige al gobierno central la retirada de la fuerzas del orden público como invasoras y fuerzas de ocupación ¡Vaya descaro y osadía!
Fuerzas que están en su propio territorio español para establecer el orden público y, no contento, presiona a los hoteleros para que las echen de sus hoteles. Hemos visto algunos hoteleros llorar cuando les pedían a los policías que se marcharan, por el miedo que tenían a las amenazas y represalias del gobierno, fuerzas que lo único que hacen es defender lejos de su familia en condiciones inhóspitas las libertades de una democracia de 6 millones de catalanes, secuestrados por unos locos separatistas que están acabando con la economía del país, véase la Bolsa, la prima de riesgo y empresas y bancos que huyen de su territorio.
No hemos terminado de salir de la gran crisis y estos señores se lanzan a la aventura de sedición, ingratitud a Cataluña y España, la autonomía más rica del p
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