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Cuidemos a los mayores

17 de Octubre del 2017 - José Viñas García (Oviedo)

Nadie se acuerda de Santa Bárbara hasta que truena, ahora ya ni truena. Pero existe otro tipo de tormenta más dañina para la dignidad y conciencia humana, que llega sin enterarnos, que cuando la tenemos encima es tarde para rebobinar, ya no tenemos la capacidad para enfrentarnos a ella. Por eso, somos imbéciles, todos la vemos venir pisándonos los talones, en ese momento, sería el propicio para enfrentarse a ella, cuando estemos con todas las facultades físicas y mentales, y exigir a nuestras administraciones un poco de consideración, dignidad, que a los mayores los traten como se merecen, ahora, mañana y por siempre. La edad deteriora las capacidades de rebeldía, ya cualquiera puede disponer y "abusar" de quien además del peso de la edad y enfermedades, ven que su entorno, familia y administraciones le relegan a unos asilos que dejan mucho que desear. Carentes de cariño, atención y entretenimiento. Lo único que les mantiene con vida un día más, son sus imposibilidades, y ser un producto de puro negocio. Hay perreras que merecen más consideración por parte de nuestras autoridades que algunas residencias de ancianos.

Nada dice mejor del retroceso de valores en nuestra sociedad que el ver a nuestros mayores casi tirados, pudriéndose en residencias de ancianos propias de un sistema descompuesto y carente de consideraciones y respeto. Donde todo gira por interés, donde es imposible que sea rentable si dispusieran de la comida requerida para cada cual, personal suficiente (monitores, fisioterapeutas, médicos, enfermeras, trabajadoras sociales y de la limpieza, cocineros, etc. suficientes según número y dependencia) para atender decentemente a estas indefensas personas. Todos pudimos comprobar que quien allí entra, en vez de mejorar, empeora a pasos agigantados. A todos nos tocó visitar ancianos en esos lugares siniestros, donde el olor, la frialdad, lloros, quejidos quejas, etc. se entremezclan con pasillos y salas de estar nada apropiadas para desenvolverse con personas dependientes en su mayoría. Siempre hay excepciones, pero siempre salías de allí con la sensación de estar en un recinto que no quisieras para ti y ninguno de los tuyos. ¡Y esa es la mejor prueba de que no están lo suficientemente adecuados, que nadie controla bien estos locales casi carcelarios!

Zapatero empezó a crear un modelo más acorde y sensible a las necesidades de nuestros ancianos, parecido a países más avanzados, se propuso poner en marcha residencias públicas, bien atendidas y donde los ancianos pudieran vivir sus últimos años, distraídos y bien atendidos. Pero vino la maldita crisis, en vez de avanzar, retrocedimos años luz, se cerraron centros y despidieron centenares de trabajadores sociales, lo cual, salvo excepciones, todo queda en manos del negocio puro y duro, por mucho que alguno se sentirá dañado por intentar darnos a entender que su servicio sea filantropía sensual. Algo así como disposición y entrega hacia los ancianos, sin aportarles un solo euro de ganancia. Esto último, sólo lo puede conseguir el Estado, donde supondría un filón de nuevos empleos, con la única inversión de las instalaciones, ya que el resto se encargan los ancianos de financiarlo con sus ahorros, bienes y pensión si fueran bien tratados y cuidados. Mejor invertirlo en ellos mismos, que en sus retoños que se lo repartirán cómo hienas después de no merecerlo.

Una sociedad que no cuida a sus mayores no merece haber nacido. Todos, los que tengan suerte o mala suerte, llegarán a viejos ¿les gustaría ser tratados y cuidados, cómo los actuales, cómo cuidan ustedes a sus padres, abuelos y ancianos en general? La verdad es que deberíamos sentir vergüenza, si es que la tenemos. No se puede dejar a expensas de negocio el cuidado de personas, cuando tanto queremos proteger a los perritos, gatitos, lobitos y ositos desde las administraciones. El colmo de la desfachatez: pedimos que nuestros gobiernos protejan las bestias, al mismo tiempo que abandonamos a nuestros padres y abuelos, sencillamente es de miserables.

Permitimos la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones y cerramos los ojos ante el trato que reciben y damos a nuestros mayores, sin ser conscientes que muy pronto estaremos en su lugar. No me digan que esto no es de idiotas elevado a la máxima potencia.

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