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Premios Princesa, UE y la Concordia

18 de Octubre del 2017 - Alejandro Álvarez López (Oviedo)

Premios "Princesa de Asturias" es un recipiente lingüístico, y una institución, que, desde ámbitos diversos, se ha ido llenando con elementos conceptuales ligados a valoraciones positivas: cultura, humanidad, democracia, libertad, progreso..., lo cual genera una visión siempre positiva, pero también distorsionada, de los mismos. Es cierto que la monarquía y los promotores se han sabido rodear de instituciones (Universidad de Oviedo, Academia de la Llingua, etc.) muy valoradas por los asturianos y que los premiados merecen en la mayoría de los casos los reconocimientos que les otorgan. También, que en torno a los mismos se producen actividades que satisfacen a muchos asturianos y asturianas o hacen protagonista al mundo rural por un día, lo cual, sin duda, es positivo y valorado. Por ello resulta difícil hablar críticamente de ellos sin ganarse la inquina de parte de los lectores o escuchantes y de quienes controlan el poder. Pero hacerlo constituye un imperativo de higiene democrática, porque quitar los velos que los adornan para sacar a la luz otras realidades que los caracterizan y de las que no se suele hablar públicamente es imprescindible para favorecer el juicio libre de la ciudadanía.

En este sentido conviene recordar rasgos esenciales que caracterizan a la Fundación "Princesa de Asturias": por un lado, la defensa del statu quo, representado por la monarquía y las instituciones que simbolizan el poder del capital; por otro, su conexión con los grandes intereses económicos, como prueba que en su patronato estén los representantes de la gran banca (Santander, BBVA, Sabadell, Liberbank o Caja Rural) y la gran empresa (Arcelor Mittal, Corporación Masaveu, HC-EDP...), responsables de las políticas que sufre la mayoría social asturiana; y, por otro, su carácter propagandístico, pues pretende “contribuir a la consolidación [...] de los vínculos existentes entre la Princesa de Asturias, Heredera de la Corona de España, y el Principado de Asturias”, lo que nos lleva a preguntarnos por qué los asturianos y asturianas deben gastar cientos de miles de euros de dinero público para consolidar los vínculos con Asturias de una heredera que, sólo por serlo, cobra más de cien mil euros al año de dinero público, mientras miles de niños pasan hambre.

Añádase, además, que los Premios "Princesa de Asturias" utilizan el prestigio logrado con instituciones o dinero públicos para honrar, en ocasiones sin merecimiento, a instituciones de intereses mutuos, como hace ahora con la Unión Europea, una estructura económico-política desacreditada entre la ciudadanía (Brexit, crecimiento desafección, etc.) porque defiende los intereses de los grandes poderes económicos, mientras impone recortes brutales en el gasto social; porque pisotea la democracia y aplica políticas contrarias a la voluntad popular expresada en las urnas (caso de Grecia), y viola los derechos humanos con descaro vergonzoso, como certifica su política sobre refugiados.

En esta coyuntura parece claro que aquella Fundación ha querido apoyar a esa UE desprestigiada concediéndole el Premio de la Concordia, “por su colaboración en la implantación y difusión en el mundo de valores como la libertad, los derechos humanos y la solidaridad”, en flagrante contradicción con la práctica actual de la UE, que vulnera con claridad su propia legislación (Convenio Europeo de Derechos Humanos, Protocolo de Dublín y Carta de Derechos Fundamentales de la UE) en materia de refugiados, como denuncian muchos expertos. No se olvide, tampoco, que premiarla supone dar por buenas unas políticas que están generando, dentro de la UE, millones de pobres, cuyas vidas están sometidas a las reglas del beneficio que defienden los poderosos, santifican los poderes políticos europeos y bendice esa Fundación. Tal premio implica, también, avalar a una UE que firmó un tratado con Turquía que vulnera todos los Convenios internacionales sobre protección de refugiados, o gratificar a una institución que da por buena la situación límite de miles de refugiados en Grecia y vende a Arabia Saudí armas que masacran miles de vidas en Yemen.

Europa es hoy un proyecto económico sordo a cualquier demanda humanitaria y carente de solidaridad con los más necesitados. Por ello, oponerse a ese entramado no debe ser considerado como fruto de una visceralidad insensata, sino de la racionalidad serena y solidaria. Hoy contestar los Premios "Princesa de Asturias" es hacer frente a la deshumanización y ponerse de parte de la mayoría y contra la minoría privilegiada. Esa es la disyuntiva. Y por eso, La Ciudadana quiere dejar clara su oposición a esos premios ante los ovetenses y los asturianos y asturianas.

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