Auditorio Ángel Embil
Hace unos meses se publicó en los medios de comunicación (LA NUEVA ESPAÑA, 22 de febrero de 2017) que el grupo político PINSI proponía a Juan José Corrales Montequín, ex alcalde de Siero, como hijo adoptivo del concejo y que el auditorio de Pola de Siero llevase su nombre. La propuesta del PINSI (puede leerse en www.pinsi.es) expone que durante el mandato de Corrales hubo 120,18 millones de euros en inversiones dotadas en los presupuestos de los años 1999 a 2009, correspondientes al impulso y realización de parques, centros culturales y sociales, equipamientos deportivos y el complejo cultural de La Pola, aparte de otros motivos que prefiero no mencionar porque, a mi entender, no son relevantes en una propuesta de este tipo.
El título de hijo adoptivo, cuyo merecimiento en modo alguno discuto, aunque se supone que un alcalde debe hacer precisamente lo que en la propuesta se menciona como motivos de mérito, se aprobó en el Pleno del Ayuntamiento del 27 de julio de 2017 (LA NUEVA ESPAÑA, 28 de julio de 2017). En cuanto a poner al auditorio sierense el nombre de un político, se me ocurre otra opción.
Según se lee en el Diccionario de la Real Academia, un auditorio es una sala destinada a conciertos, recitales, conferencias, coloquios, lecturas públicas, etcétera. En primera instancia muchos relacionamos este tipo de equipamiento cultural con actividades musicales, independientemente de que, en efecto, se utilice para otros fines. Por ello pienso en alguna persona vinculada estrechamente al concejo de Siero que tenga o haya tenido relevancia en el plano musical. Y aparece Ángel Embil Ecenarro.
Este músico, nacido en 1897 en Zumaya, es representativo a escala regional dentro de su ámbito en la docencia, en la composición (sobre todo de obras corales religiosas y profanas) y en la dirección de coros y bandas. A los 10 años se trasladó a Gijón y, tras unos años de intenso y fructífero trabajo en pro de la música, se afincó en 1946 en Pola de Siero. En esta villa dirigió la banda de música, ejerció como organista y se hizo cargo de la academia de la sociedad Siero Musical, cuyo coro llegó a ganar el primer premio del Festival de Habaneras de Torrevieja en 1960. Después de unos años de declive, Ángel Embil, con 72 primaveras, recupera con ilusión el coro de la Sociedad. Hasta su muerte, en 1980, siguió trabajando con tesón por la música en Pola de Siero.
¿Que Ángel Embil no tiene renombre nacional ni internacional? Bueno, el auditorio para el que propongo su nombre es el de una villa en un concejo de una pequeña comunidad autónoma, y músicos que hayan dejado huella en Pola de Siero no hay muchos. ¿Que Ángel Embil ha sido ya honrado en Pola de Siero con una calle y con una estatua compartida con Falo Moro? Pues muy bien, pero quizá merezca más su nombre un equipamiento público en el que, en lo que va de 2017, aproximadamente la mitad de las actividades son de índole musical, como se puede comprobar en la agenda que la página web del Ayuntamiento de Siero pone a disposición del público en el apartado “Servicios al ciudadano”. ¿Que Ángel Embil no era asturiano? En los tiempos en que estamos, ni me molesto en tratar de argumentar una respuesta para esta pregunta.
Opino que poner el nombre de Ángel Embil al auditorio de Siero es también un reconocimiento en vida a sus descendientes y continuadores de la saga, su hijo José Ángel y su nieta Maite, que tanto están aportando a la música local y regional.
Si alguna asociación se decide a promover esta propuesta y recoger firmas para avalarla, que cuente con la mía.
Julián Arias Aparicio
Valdesoto (Siero)
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