Los verdaderos 155
El problema de la dejación por parte de los garantes del respeto a la Constitución y al Estado es que el tiempo, como en la naturaleza humana, enturbia la memoria y el cúmulo de falsedades y mentiras mentiras se convierten en axiomas.
No existe “155” que sea capaz de borrar los grafitis “mentales” de toda una ciudadanía.
Sólo la conjunción de una justicia firme y una reeducación seria y permanente podrían poner las cosas en su sitio.
Las diversas realidades históricas, lingüísticas y culturales en manos de expertos profesionales independientes darían sus frutos en tanto en cuanto sean asignaturas troncales y, por tanto, de obligado cumplimiento. En este campo se repetiría aunque sea con una sola falsedad.
Los incumplimientos a las promesas o juramentos realizados por las autoridades políticas, los ataques reiterados al sistema democráticamente elegido y la utilización indebida del patrimonio de todos deberían pasar al campo judicial. Como se dice en lenguaje popular, “que cada palo aguante su vela”. Es decir, que cada uno ha de sufrir lo que se merece o lo que le corresponde.
Otrosí digo, existen actuaciones que por su gravedad deberían motivar un cambio drástico de nuestro código penal: la limpieza étnica, el lavado de los cerebros de los niños y la incitación al odio por motivos ideológicos deberían ser objeto de condenas no sólo firmes sino de bisturí. Me refiero a que cuando las personas no saben convivir y viven para destruir cualquier ideología, deberían ser enviados a “ciertas islas solitarias” donde puedan desarrollar su vida como deseen, sin perjudicar a nadie.
Allí, “en sus islas”, ellos serán felices y “muy libres” y “los de tierra firme” vivirán en paz.
Ángel Alonso Pachón, Getafe (Madrid)
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