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Karles Van Puigdemoent

13 de Noviembre del 2017 - José Antonio GUTIÉRREZ GLEZ. (Piedras Blancas)

El “procés” ya es historia. Pero si alguien llegara a creer que con la aplicación del artículo 155 había terminado el embrollo catalán es que no ha seguido con atención la forma de actuar del expresidente Carles Puigdemont y sus colegas. Desde que se inició el “procés” –y va para cinco años– han trazado una estrategia que pasa en gran parte por el despiste del contrario. Juegan como nadie con el engaño, las medias verdades y las insinuaciones, dejando a la interpretación colectiva sus intenciones.

Solo minutos después de saberse que la fiscalía realizaba unas acusaciones gravísimas a los responsables del poco tiempo que existió la independencia, como son rebelión, sedición y malversación de caudales públicos, Puigdemont hacía una aparición digna del mago Houdini a más de 1.600 kilómetros de su residencia habitual, en Bruselas, la capital comunitaria. Ciertamente, a este individuo hay que reconocerle el mérito para acaparar protagonismo, como posteriormente lo ha seguido demostrando.

Muchas de las lecturas de su presencia en la capital belga oscilan entre la petición de asilo y la formación de un gobierno en el exilio que, por supuesto, no faltaron quienes entendieron que se trataba de una fuga en toda regla. No, Puigdemont y sus exconsejeros no viajaron a Bruselas a conocer la Grand Place o el Manneken Pis, pues ya lo conocen de sobra. El viaje hay que enclavarlo en una estrategia planificada minuciosamente, encaminada a internacionalizar sus reivindicaciones. El Govern no se ha rendido. No han hecho un recorrido de años para ahora capitular amistosamente. Lo único cierto es que el esperpento continúa.

Para rubricar el fin del “procés” dos de los partidos que lo han impulsado, PDeCAT y ERC, se apresuraron a anunciar que se presentarán a las elecciones convocadas por el presidente Mariano Rajoy para el 21 de diciembre. Es decir, que aunque retóricamente sostengan que la aplicación del 155 ha sido un golpe de Estado, en la práctica no tienen ningún empacho en legitimarla. Cada vez queda más claro que la convocatoria de elecciones ha sido una jugada maestra de Rajoy que ha desbaratado la estrategia de “resistencia civil” que tenían prevista los independentistas.

Puigdemont, al fugarse a Bélgica, ha quedado retratado como un delincuente, máxime con el apoyo del partido nacionalista flamenco N-VA de corte xenófobo y contratar, además, al abogado Paul Beckaert, que defendió en su día a varios miembros de la banda terrorista ETA para impedir su extradición.

En definitiva, puede decirse que Karles Van Puigdemoent (como le llamará el abogado flamenco) y sus ex consejeros pretenden ser actores principales en la campaña electoral de 21-D.

A nuestro juicio, el final es inevitable: acabarán ante los tribunales españoles. Y cuanto antes, mejor.

José Antonio Gutiérrez Glez., Piedras Blancas (Castrillón)

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