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La manada somos nosotras

29 de Noviembre del 2017 - Lucía López Pérez (Piedras Blancascas)

Prácticamente desde que nacemos se nos han asignado unos roles de género y se nos ha dado una educación basada en la delicadeza, la feminidad y la sumisión: “Las señoritas no dicen esas cosas”, “Los que se pelean se desean”, “Si te pega es porque le gustas” y un largo etcétera de frases que cada una de nosotras vamos interiorizando en nuestra infancia.

Crecemos. Nos formamos en unos ideales y descubrimos que todo lo que nos han estado enseñando no es más que basura. Comenzamos a vivir sin prejuicios, sin envidia. En sonoridad con nuestras compañeras, las demás mujeres.

Y entonces ocurre que a los hombres empiezan a no gustarles estos comportamientos tan “provocadores” y se forman la idea de creerse con el derecho a hacer lo que quieran con nosotras, a tratarnos como objetos.

Nos matan, nos acosan, nos siguen, nos violan. Nadie nos ampara, nadie quiere preocuparse por las mujeres, nadie quiere ayudar excepto las propias mujeres.

Ni siquiera la justicia está por la labor de ayudarnos.

“Qué exagerada”, “Si te vistes así, después no te quejes de lo que pueda pasar”, “Si tan mal lo pasaste cuando te violó, ¿por qué no denunciaste?”

Yo os diré por qué: cómo una mujer va a denunciar sabiendo que la van a meter en la misma sala que a sus agresores. Que van a poner en duda su palabra. Que le van a preguntar si bebió algo esa noche, qué ropa llevaba puesta, si habló con alguien, si les dio indicios de que quería algo. Que el juez va a aceptar como prueba que la víctima haya seguido haciendo vida “normal” (porque tu vida no vuelve a ser la misma) después de la agresión.

Es triste y asqueroso a la vez ver cómo nadie nos protege.

El patriarcado nos educa para ser sumisas y yo hoy desde aquí grito ¡no!

Que mi forma de vestir no es el problema. Que si he bebido no es el problema. Que si he hablado no es el problema. Que si he dicho que sí y después me he arrepentido no es el problema.

El único problema es el agresor. Y la única persona que tiene que morir es el agresor, no nosotras.

Hermanas, yo sí os creo.

¿Hasta cuando vais a seguir matándonos?

Lucía López Pérez, Piedras Blancas (Castrillón)

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