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¿Qué falla en nuestra sociedad?

1 de Enero del 2018 - Rosario Vázquez (Oviedo)

¿La educación en valores? ¿La educación familiar? ¿Los colegios e institutos y los profesionales de la enseñanza? ¿Las redes sociales? ¿Las familias desestructuradas? ¿Qué es?

Yo no tengo respuesta para ninguna de estas preguntas, pero está muy, muy claro que algo va mal en nuestro mundo. Atentados a la integridad física de la mujer con resultado, muchas veces, de muerte; violaciones que a veces quedan impunes, muerte de madres delante de sus hijos a los que a veces, qué pena, también los elige la muerte en un momento que aún no era el suyo.

Llevo unos días dándole vueltas al asunto de la “presunta” violación de esta chica madrileña, fuerte y aguerrida, que fue lo suficientemente valiente para denunciar esta animalidad. ¡Menos mal! Yo te creo cada palabra que dices y te apoyo con todo mi corazón. No entiendo por qué nos tiene que dar vergüenza denunciar algo así, cuando nos despojan de nuestros derechos y nuestra dignidad a todas horas y, lo que es aún peor, nos destrozan la vida para siempre. Porque tiene que ser muy duro recuperarse de una canallada tan descomunal como ésta.

No entiendo cómo alguien puede llegar a pensar que esta chica diera su consentimiento a una “presunta” violación en grupo, llevada a cabo por cinco “presuntos” desalmados, despojados de todo sentido de misericordia y culpabilidad. No entiendo que nadie, incluso mujeres, pueda poner en tela de juicio algo tan horrendo como lo que, siempre “presuntamente”, le hicieron a esta chica, casi una niña. Yo admiro a su madre, que siempre son las que más sufren, y comparto su pena y su dolor.

Quiero añadir algo más: no quiero que te sientas avergonzada, sólo apenada porque sobre la Tierra haya “presuntamente” seres tan deleznables y mezquinos; porque descubriste muy pronto que hay humanos que son horribles, desconsiderados, son sacos de estiércol, que sólo saben actuar lanzando ese estiércol sobre los demás.

Hay una película italiana, “Dos mujeres”, cuya protagonista es Sofía Loren, “Oscar” a la mejor actriz en 1962 por su interpretación sobrecogedora, en la que un grupo de soldados desalmados irrumpe en una iglesia destrozada –estamos en la II Guerra Mundial– y violan a una mujer y a su hija preadolescente; la mirada de esa madre sintiendo el dolor infinito de su hija y sin poder hacer nada por ayudarla me rompió el corazón la primera vez que la vi. Y para escribir esta carta volví a ver este episodio de nuevo; es algo que te quiebra el alma y te hace pensar en la naturaleza humana y en la posible maldad innata de algunos de sus miembros.

A esta chica le envío todo mi apoyo y mis oraciones; a ellos sólo puedo decirles que hay que ser muy cobardes y poco hombres para llevar a cabo, siempre “presuntamente”, una barbarie como esa que se describe en las noticias. No creo yo que a ninguna mujer le apetezca ponerse cinco penes en su boca y realizar actos denigrantes por el estilo. Supongo que estos seres tienen hermanas y madres, quiero que se pongan en la piel de ellas y que piensen qué habrían hecho en el “supuesto” de que ellas hubieran sido las víctimas de unos “supuestos” depredadores así.

Esta chica es una mujer real. Mujer real ante un mundo de hombres ineptos, grotescos, despreciables y descarados, siempre “supuestamente”. Pase lo que pase y resulte lo que resulte después de este juicio, que a ti especialmente te lleva a rememorar lo que deseas olvidar cuanto antes, quiero que sepas que yo te creo. Y como yo, muchas mujeres y muchos hombres más en toda España y en todo el mundo. Basta ya de tanta humillación y de barbaries sin sentido.

Te dedico un poema de Maya Angelou, “Mujer fenomenal”, que es lo que tú eres, una mujer valiente que se atreve a dar la cara. Estoy segura de que muchas más mujeres seguirán tu ejemplo de fortaleza y de ánimo ante algo así. Te mando un abrazo muy fuerte lleno de todo mi cariño. Ojalá estas líneas te den un poco de calor y sientas todo el amor de muchas personas que te apoyan y te creen.

Muchas gracias a todos ustedes por haber dedicado su tiempo a leer estas líneas:

Las mujeres hermosas se preguntan / Dónde radica mi secreto. / No soy linda o nacida / Para vestir una talla de modelo / Mas cuando empiezo a decirlo / Todos piensan que miento / Y digo, / Está en el largo de mis brazos, / En el espacio de mis caderas, / En la cadencia de mi paso, / En la curva de mis labios. / Soy una mujer, / Fenomenalmente. / Mujer fenomenal, / Esa soy yo.

Ingreso a cualquier ambiente / Tan calma como a ti te gusta, / Y en cuanto al hombre / Los tipos se ponen de pie o / Caen de rodillas. / Luego revolotean a mi alrededor, / Una colmena de abejas melíferas. / Y digo, / Es el fuego de mis ojos, / Y el brillo de mis dientes, / El movimiento de mi cadera, / Y la alegría de mis pies. / Soy una mujer, / Fenomenalmente. / Mujer fenomenal, / Esa soy yo.

Los mismos hombres se preguntan / Que ven en mí. / Se esfuerzan mucho / Pero no pueden tocar / Mi misterio interior. / Cuando intento mostrarles / Dicen que no logran verlo / Y digo, / Está en la curvatura de mi espalda, / El sol de mi sonrisa, / El porte de mis pechos, / La gracia de mi estilo / Soy una mujer, / Fenomenalmente. / Mujer fenomenal, / Esa soy yo.

Ahora comprendes / Por qué mi cabeza no se inclina. / No grito ni ando a los saltos / No tengo que hablar muy alto. / Cuando me veas pasar / Deberías sentirte orgullosa. / Y digo, / Está en el sonido de mis talones, / La onda de mi cabello, / La palma de mi mano, / La necesidad de mi cariño, / Porque soy una mujer, / Fenomenalmente. / Mujer fenomenal, / Esa soy yo.

Charo Vázquez

Oviedo

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