¡Me duele España!
Me duele mi nación, mi España. Me produce gran tristeza comprobar que en Cataluña más de dos millones de españoles (algunos nacidos, criados o descendientes de otros nacidos en el resto de España) quieren separarse de la misma. ¿Cómo es posible que con la gran historia que tiene, lo que aportó y aporta a la civilización, el descubrimiento de nuevas tierras, la gran y diversa cultura, su aportación a la lengua de muchas naciones del resto del mundo, alguien quiera desligarse de ella, apartarse como si fuese perjudicial para ellos?
Y, sobre todo, ¿cómo es posible que algunos de éstos que quieren separarse son o descienden de españoles procedentes del resto de regiones de España? De acuerdo que en Cataluña hayan encontrado el bienestar, el empleo que necesitaban, etcétera, pero ¡es que lo han obtenido en su propio país!, pues Cataluña ha sido y es parte de España, y ellos han contribuido con su trabajo al engrandecimiento de esa comunidad... ¿Cuántos de nosotros, habitantes de otras regiones, no estamos en distinto lugar del que hemos nacido o han nacido nuestros padres?, y, ¡cómo no!, queremos al pueblo o región en que vivimos, pero sin dejar de amar de la que descendemos, y amando a España, que las engloba a todas, es como nuestra gran casa, lo que hemos hecho es distribuirnos por las diferentes habitaciones para desarrollar nuestra vida.
Una explicación que me doy es que hay egoísmo. Cataluña y otras regiones, por azares de la vida, por políticas anteriores, por su lugar estratégico o por la valía de algunos de sus predecesores, ¡cómo no!, han llegado a tener un nivel de desarrollo mayor que otras zonas de la nación (aunque a su desarrollo a lo largo de la historia todos hemos contribuido de una u otra forma), piensan ahora que quedándose con esos beneficios para ellos solos van a estar mucho mejor, pero no se dan cuenta de que ahora todo está globalizado y que quizá en algunas zonas se produzca algo más de algo, pero luego tiene que venderse en el resto.
Se les oye decir, con cierta frecuencia, que ellos aportan más de lo que reciben, pero eso es lo normal, si los habitantes son más ricos, si en conjunto tienen mayor nivel de vida, mayores ingresos, lo normal es que aporten más a Hacienda, que sean solidarios con el resto. Yo supongo que las personas individualmente con mayor nivel de vida, con mayores ingresos, aportaran más que las que simplemente viven de su pequeño sueldo o pensión.
Por otra parte, la clase dominante de Cataluña, los que ocupan los más altos cargos, los que siempre han dominado las instituciones, el comercio, la industria, la banca, etcétera, los de ocho apellidos catalanes (¿se han fijado cuántos García, Fernández o Rodríguez hay en la lista del partido de Puigdemont?), quieren seguir siendo los dominantes; los foráneos, de “raza y nivel inferior”, deben agachar la cabeza y contentos de que les hayan acogido, pero “acogidos de qué” si están en su propio país. Lo malo es que algunos de éstos les hacen el juego.
Por todo ello me duele España, me produce gran tristeza, pero espero y deseo de todo corazón que aparezcan buenos políticos para que vuelva a ser querida por todos, que se sientan orgullosos de su nación, de su historia, y aunque no sea ahora la más grande y la más rica, es nuestra Patria, y si todos remamos en el mismo sentido y procuramos no ser egoístas y ayudar a los que menos tienen también la haremos más atractiva para todos y viviremos en paz y armonía todos unidos.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

