¿Qué queda de la Navidad?
Recuerdo con nostalgia aquella fiesta de la Navidad, tan emblemática, tan arraigada en el corazón, que tanto nos impactaba a unos y otros. Reconozco que hoy en día me molestan esas vulgares y múltiples iluminaciones, tan frívolas y tan distantes de la realidad que celebramos. Si siempre recordáramos la historia, no tropezaríamos tanto contra la misma piedra. Las fiestas de la Navidad que hoy celebramos es un amasijo de símbolos con un afán claramente comercial. Ni qué decir que estas fiestas las estamos convirtiendo en fantasía de burbuja y cotillón consumista.
A la Navidad la hemos secuestrado, robado el corazón. “Nativitas” procede del latín, equivalente a nacimiento, ni qué decir que los cristianos conmemoramos el nacimiento de Jesús. Hay que remontarse al Siglo III de nuestra era, cuando la Iglesia adoptó la fecha 25 de diciembre para fijar el nacimiento del niño Dios, haciéndolas coincidir con las fiestas romanas del dios sol, tan presentes en los pueblos aztecas e incas. El simbolismo de hacer coincidir esta fecha con el nacimiento de Jesús de Nazaret es porque el sol, la vida, la luz, la esperanza, la promesa, empieza a renacer, haciendo coincidir todo ello con la madre tierra que despierta a la vida.
Navidad debiera ser oportunidad de buscar solución a tantos problemas sociales, económicos, políticos, familiares. Navidad es Dios con nosotros, entre nosotros, por nosotros, para nosotros. Oportunidad de abrirnos al encuentro en familia, oportunidad de solventar tantos problemas de convivencia, que a la vista están. Vivir en democracia, pienso, no es vivir permanentemente enfrentados, divididos, como niños pequeños, enrabietados mientras no consiguen su tajada de turno. Eso sí, en una España, por muy plural que digamos, lo que no puede existir es una España de ricos y pobres, avalada por una Constitución, amañada y con privilegios para las regiones históricas. Porque, entre otras, reino y no condado fue Asturias... Y también su llingua. Hay Asturias del alma, cuna de la reconquista, lo que fuiste y lo que eres iQué pena que tus hijos, en medio de una España tan demócrata, tengan que seguir emigrando, porque ya son otra historia! No sé si porque quedaron atrás las huelgonas mineras, si porque para papá Estado ya no pintamos o sencillamente porque ya no enseñamos las barbas de “cócteles dinamiteros”.
Quisiera que las pasadas fechas, tan entrañables, sueño u utopía, marcaran el punto final a tanto desencuentro y baile, a tanta desunión, a tanto querer llevar el agua sólo a mi pozo, a mi fuente. Navidad, blanca navidad. Que las fiestas navideñas, pese al bombardeo comercial y globalización, sea esa estrella que a todos nos dé cordura, sentido de la justicia y de la verdad, sentir los colores de un país, luchar para que España entre los quince más ricos del mundo, no haya tantos pobres (no sé si porque hay demasiados ricos). Sequemos tantas lágrimas, tanto desamor, tanta apatía, tanta desigualdad. Dejemos que el Niño de Belén, ya que nosotros somos incapaces, nos llene de sentido común y nos prodigue fraternidad y amor. Que la riqueza sea más repartida y que deje de existir lo de “españoles de primera y segunda”.
Luis Rodrigo, Pravia
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