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La Asturias olvidada

14 de Enero del 2018 - María Alicia Marta de Busto Villa (Nava)

Como consecuencia de los graves incendios que padeció Asturias este último otoño, los diputados de Podemos, doña Paula Velero y don Andrés Vilanova firmaban conjuntamente un artículo que titulaban “quema la Asturias olvidada”.

Este título me recordó una serie de reportajes que en los años sesenta se publicaron sobre el abandono del medio rural asturiano. En aquella época, muchos pueblos de Asturias no disponían de energía eléctrica, ni de traída de agua, ni de acceso rodado a los núcleos de población; algunas de las carreteras principales de la región estaban sin asfaltar, como por ejemplo la carretera del Puerto de Palo, en Pola de Allande, la del Puerto de Connio, en Ibias, la de los Oscos, la de Salime a Navia, y tantísimas otras. Entre Arriondas y Oviedo el único medio de transporte público era el tren, que invertía tres horas en recorrer los 60 kilómetros que las separan.

Sin embargo, la población rural era muy superior a la actual, lo que implicaba que el territorio, tanto el monte como las praderías, se mantuvieran limpias, conservadas y aprovechadas, y los espacios forestados se cuidasen al máximo, porque la venta de madera suponía un importante complemento a la economía familiar agraria. Este entramado de actividades e intereses vitales constituía la barrera más eficaz contra la multiplicación y la propagación de incendios; de producirse alguno, los propios vecinos acudían de inmediato a sofocarlos, motivados por la conciencia colectiva de que el bosque y el monte eran para ellos su bien común más inmediato.

Las cuantiosas inversiones realizadas por la Administración a partir de los años 80 no evitaron el éxodo de población y la consiguiente disminución de la actividad en el medio rural, factor determinante para el deterioro medioambiental y la desaparición de algunas especies emblemáticas, como el urogallo, pero sobre todo, para el aumento de riesgo potencial de incendios.

Tampoco contribuyeron a frenar el deterioro medioambiental y el riesgo de incendios las numerosas normativas aprobadas para regular la actividad tradicional agraria. En vez de respetar y preservar los usos y costumbres tradicionales, beneficiosos para el entorno (y su mantenimiento), los prohibieron y penalizaron con reglamentos, en muchos aspectos absurdos, en presunto beneficio de “espacios protegidos”.

El grupo parlamentario de Podemos, con su artículo, pretende rectificar la metedura de pata que cometió al oponerse en la Junta General del Principado a la modificación de la Ley de Montes. Aquella enmienda iba encaminada a evitar las sanciones por la incursión del ganado en las zonas quemadas (los famosos acotamientos). Los diputados de Podemos fueron los únicos que se opusieron y, encima, la recurrieron ante el Tribunal Constitucional que, afortunadamente, les dio con la puerta en las narices.

Si la política es el arte de lo posible, el grupo de Podemos en la Junta tendrá que escoger entre plegarse al radicalismo pseudoecologista o respetar los usos seculares de la comunidad rural.

La Asturias olvidada tiene aspectos positivos y alguno negativo. Bien está que se acuerden de nosotros para apoyar inversiones y medidas en beneficio del interés general. Si es para hacer demagogia desde dogmatismos ideológicos, mejor que nos olviden.

Para olvido, el de la señora consejera de Medio Rural, que en el mes de septiembre se comprometió en la Junta a que los ganaderos tendrían cobradas las ayudas de la PAC correspondientes a 2017. Del cobro de las ayudas, ni rastro. ¿No habíamos quedado en que quién no cumple o miente, dimite o se le cesa? Pero de esos compromisos e incumplimientos, sus señorías doña Paula y don Andrés al parecer no se enteran.

María Alicia Marta de Busto Villa, Ceceda (Nava)

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