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Brañagallones, el refugio olvidado

12 de Marzo del 2018 - Carlos Cuesta

El refugio de Brañagallones, en los montes casinos del Parque Natural de Redes, no tiene suerte en su andadura. Solamente se mantuvo fuerte y animado en los primeros años de su construcción allá por los sesenta del siglo pasado. Era entonces un refugio de montaña sencillo y práctico para cazadores y gentes enamoradas de los deportes del aire libre. El guarda mayor del entonces Coto Nacional de Caza de Reres, Pepe Calvo, se encargaba de su puesta en escena y todo funcionaba con normalidad y sentido común. Hospedaje y manutención. Eran tiempos del Icona. Con los años y dependiendo de la Administración del Principado, se renovó el inmueble para darle un toque de modernidad y envolverlo en el halo de los paradores de montaña suizos o austriacos y todo resultó un fiasco. Construcción ambiciosa, diseño excesivo y dineros tirados por el precipicio de la vanidad y el despropósito. En unos años de cambio de gestión y con el nombre llamativo de Reserva Lodge, el refugio alcanzó cotas de estilo y alojamiento pero los problemas de infraestructura, el generador eléctrico y deficiencias en el tejado, realidades sujetas a la labor y decisión del Principado, obligaron a la empresa hotelera a desistir de su trabajo gestor. Otro fiasco más.

Actualmente este bello refugio, la referencia del turismo de montaña en Redes, está regentado por la Federación de Montaña de Asturias y lo coordina con buen tino el experto guía de la zona, José Manuel Prado. Todo es ilusión, trabajo y buenas sensaciones. Existe mucha demanda de montañeros y turistas de toda España y al parecer los indicadores de negocio funcionan. Sin embargo, de nuevo esas infraestructuras de servicio vuelven a fallar, con un generador eléctrico problemático y muchos trastornos con la cubierta que suponen bastante inversión. El presidente de la Federación de Montaña, Juan Rionda, está muy cansado de no recibir apoyos ni buenas palabras de la Dirección de Deportes del Principado, y está a punto de arrojar la toalla. Lo que interesa de verdad es conseguir unos paneles solares que logren el autoabastecimiento del refugio y den comodidad y calor al inmueble. Con el generador no se vive, aparte de la carestía, sus fallos y esa contaminación medioambiental. El Ayuntamiento de Caso se ha interesado en esta compleja gestión y va a colaborar en la viabilidad de un refugio montañero que necesita seguir prestando servicio adecuado para disfrutar -el viajero accidental- de unos días en plena naturaleza, en un rincón de altura cerca del cielo y con unos parajes envidiables y cargados de fantasía.

Sin el parador de Brañagallones no hay paraíso y todos los errores cometidos en su puesta en acción hay que olvidarlos y buscar que este local de montaña sea de verdad el buque insignia de un turismo de montaña esencial y práctico para todos. Si el Principado no está dispuesto a defender este emblemático refugio, lo mejor es que sea el Ayuntamiento de Caso, la Federación de Montaña y la ASPET (la Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo) quienes se encarguen de promocionar con verdadera pasión un inmueble que fue muchas veces despreciado y que en estos momentos puede ser un revulsivo total en el campo de los servicios en Redes, una reserva de la Biosfera con poca promoción mediática.

Brañagallones es una Vega montañesa de ensueño, preñada de salud medioambiental por todo su perímetro verde y ganadero. Es un auténtico paraíso perdido que busca que alguien lo encuentre para alcanzar el valor que necesita un lugar de altura y de sobrecogedora belleza. Lo vuelvo a repetir, sin refugio de montaña no hay paraíso. Y el turismo bien entendido se resiente. Espero que el director general de Deportes del Principado, José Ramón Tuero del Prado, se digne a intervenir en el Parlamento asturiano para explicar ante sus señorías qué ocurre con un parador de montaña olvidado a su suerte y desatendido. El grupo político de Foro Asturias tiene intención de animarlo a subir al estrado a dar la cara públicamente y explicar con detalle el momento absurdo que vive un refugio montañero que necesita vida y financiación adecuada para su mantenimiento y oferta turística.

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