"La Regenta", presente en la ópera
Después de leer en su diario de LA NUEVA ESPAÑA las noticias sobre lo ocurrido hace unos días en el teatro Campoamor de Oviedo, así como algún comentario de columnistas habituales y de personas con cargos institucionales; me produce un estado de pesadumbre y de pena, que quizá también le invadió en su día a don Leopoldo Alas, “Clarín”, cuando escribió su obra maestra “La Regenta”, en la que reflejaba con realismo la vida social española del siglo XIX, en plena Restauración, en una ciudad llamada Vetusta; donde la hipocresía, la incultura, la vulgaridad, la aristocracia decadente, el clero corrupto y los partidos políticos quedan al descubierto en una ciudad de provincias que él conoció como nadie.
Pues bien, en un lugar como el teatro Campoamor, habitáculo de cultura, volvió a aparecer la incultura y la vulgaridad de un grupo de asistentes a la ópera, por su falta de respeto y menosprecio hacia una de las señas de identidad de los asturianos, como es su lengua materna; dedicándole pateos y abucheos que deberían abochornarnos a todos los que somos y sentimos en asturiano. Valentía para aquellos que con sus aplausos la respetaron, aunque fueran obstruidos por el ruido y el vocerío de quienes ponen por delante la vulgaridad, la ignorancia y la soberbia, en lugar del respeto y de la razón.
Las palabras del presidente del Principado de Asturias, pronunciadas en un foro fuera de la región, alertando de que las señas de identidad de Asturias, que algunos intentan promover con la oficialidad del asturiano, podrían derivar en actitudes nacionalistas, pudieron haber servido para enardecer a quienes provocaron este “escándalo”. Por eso, desde su cargo institucional, debería mostrarse más prudente y no utilizar este tema tan sensible en su lucha interna política en la Federación Socialista Asturiana. La mayoría de los asturianos hemos demostrado a lo largo de los siglos que no somos nacionalistas excluyentes, sino todo lo contrario. Amamos nuestra tierra y nos emocionamos con nuestra manera de hablar y cuando escuchamos nuestro himno; pero somos a la vez incluyentes y hospitalarios; recibimos a inmigrantes con el respeto que se merecen, porque además también fuimos históricamente emigrantes, lo somos actualmente, y queremos que se nos trate recíprocamente.
En declaraciones del presidente de los Amigos de la Ópera sobre este suceso, ha dicho que “no le da ni frío ni calor, lo que demuestra una falta de sensibilidad y egoísmo inadmisibles; a pesar de tener una subvención del Ayuntamiento de Oviedo de cerca de medio millón de euros de dinero público de los contribuyentes ovetenses. Hace unos años hubo una buena iniciativa para llevar la ópera al Auditorio y visualizarla a través de una pantalla en directo. El éxito fue total pero, en lugar de potenciarlo, desapareció sin explicaciones. Quienes no podemos pagarnos los abonos del Campoamor, nos tenemos que conformar con las representaciones operísticas y de ballet en directo que proyectan los cines Yelmo, a 20 euros la entrada. El Ayuntamiento haría bien replantearse las ayudas culturales para que se beneficie la mayoría de los ovetenses y no sólo a una sociedad cerrada e inaccesible, que no muestra ningún interés por el resto de los ciudadanos ovetenses. El acceso a la cultura debe estar al servicio de todos los ciudadanos y no de unos pocos. En memoria a Clarín, repudiado por aquella sociedad que aún asoma de vez en cuando por Vetusta.
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