Cuéntame de la basura
Parece mentira como han pasado los años desde que en la década de los 80 escuchaba de niño desde mi cama los camiones de la basura a las 12 de la noche con su característico ruido al recoger los contenedores. Era un sonido que indicaba que el día había llegado a su fin y que, al despertar de nuevo, otro día de colegio comenzaría. Era un sonido que recuerdo entrañable porque me hacía sentir seguro en el calor del hogar.
Los años pasaron, la tecnología avanzó y la normativa medioambiental fue cambiando con los tiempos. Así se llegó, iniciando el nuevo siglo, a unos contenedores de basura de PVC, muy poco ruidosos, más ligeros, menos contaminantes y unos camiones con sistemas "silent-blocks" y grúas eléctricas que llegaron a eliminar por completo aquel sonido de mi niñez en las noches de invierno que recuerdo no sin cierta tristeza y añoranza.
Siguieron pasando los años y aunque la tecnología fue avanzando, la codicia de los hombres lo hizo en mayor medida, ideando nuevas formas de sacar tajada en los consistorios a costa de quien sea y de lo que sea, y así las normas fueron cambiándose en beneficio de unos y detrimento de otros muchos. Una de esas maravillosas ideas es la relativa a los camiones de basura y los contenedores para, según los poderosos ediles, adaptarse a las normas medioambientales.
Sin ningún tipo de escrúpulo y tirando la casa (consistorial) por la ventana, se gastaron docenas de miles de euros de los contribuyentes en modificar todo el sistema de recogida de basuras, nuevos camiones, nuevos contenedores soterrados, diferentes según la categoría de residuo, etcétera. Ahora tenemos unos preciosos contenedores "futuristas" pero con unos camiones y un sistema de recogida que me lleva a mis años de niñez cada vez que pasan por mi calle debido al ensordecedor estruendo que hacen, y es tal que los propios trabajadores han de protegerse los oídos.
No entiendo muy bien estas normas medioambientales que para mejorar en calidad del aire empeoran la contaminación acústica, y no sólo eso sino que ahora son 4 camiones los que pasan a recoger los diferentes residuos, y no son camiones eléctricos.
He vuelto por tanto a mi niñez en las noches al escuchar el camión de la basura, solo que esta vez no me produce una sensación de calor de hogar y tranquilidad sino de enfado y desasosiego cuando veo que mi dinero se ha malgastado en empeorar mi calidad de vida y la de mis vecinos, aunque estoy seguro que alguien en su chalet de las afueras vive un poco mejor gracias a estos cambios.
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