El museo es Pepe
Para los asturianos que estamos fuera no es fácil opinar de las noticias del día a día. Salvo cuando un tema lo conoces de cerca. Cualquiera que tenga sus raíces en Grandas y/o que haya ido por allí con alguna frecuencia en los últimos treinta años sabrá de los desvelos y el tesón de Pepe el Ferreiro por poner en marcha y mejorar un museo al que ha dedicado una vida, la suya. El museo es Pepe y supongo que, en buena medida, Pepe es el museo. Como toda obra humana, el museo es, felizmente, mejorable, y, como toda persona, Pepe cometerá errores. Pero ni los errores ni las imperfecciones pueden justificar lo que a ojos vista parece una vendetta. En sus últimos años de actividad profesional merecía, primero, ayuda para preparar un adecuado y difícil relevo (¿quién más dedicará su vida al museo?) y, en segundo lugar, gratitud y honores. En ningún caso una destitución acompañada de alusiones calumniosas que si alguien cree ciertas debería llevar a los tribunales.
Las insidias son difíciles de reparar. Las injusticias, no. En este caso, basta restituir a Pepe el Ferreiro a su lugar y abandonar el trato humillante que está recibiendo.
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