¿Es cierto que los piropos convierten a las mujeres en objeto?
El lema elegido por la Junta de Andalucía para la campaña contra el acoso callejero a las mujeres con los piropos, es "No seas animal", que identifica como violencia machista o violencia de género.
En el vídeo que publican exhiben a hombres con caretas de pulpos, búhos, cerdos, gallos y buitres que gritan ordinarieces, están al acecho o no quitan ojo de encima a las féminas. El piropo, dicen los responsables de la campaña, "normaliza a las mujeres como objetos sexuales y en algunos contextos deriva en agresiones y abusos".
Esta campaña sobre los piropos, iniciada por el Instituto Andaluz de la Mujer, está dejando un sabor raro en el ambiente. Sabido es que el piropo es una palabra o frase que un hombre le dice a una mujer en público y que no tiene relación afectiva con ella.
Históricamente, piropear ha sido siempre el rito masculino de identidad, según el cual, para ser macho muchos hombres piensan que tienen que usar así a las mujeres. Podría decirse que el mundo del piropo va íntimamente ligado al mundo del insulto, aunque también es cierto que existen piropos muy bonitos y elegantes, bien que escasos, de justicia es decirlo.
Ciertamente, es machista piropear a una mujer si no ha pedido opinión sobre su cuerpo y, por lo tanto, considero que es ilegítimo. Las mujeres no son cuerpos expuestos para la evaluación de los hombres, ellas son personas. Antiguamente el piropo era una auténtica galantería, casi un ceremonial de cortejo.
Mas en la campaña andaluza que nos ocupa el debate es otro, es saber dónde está la línea que separa la seducción de la agresión sexual, el flirteo del acoso. Un grupo de mujeres expresó su opinión en periódicos andaluces y ellas sitúan esa frontera entre lo borde, la falta de respeto y la grosería que, además de mala educación, representa acosamiento o agresión.
"No confundamos, ni saquemos las cosas de contexto", añaden estas señoras que son muy duras con los hombres descarados y toscos, aunque sostienen serenamente que un piropo dicho con salero y respeto, en el momento oportuno, no puede calificarse de agresión sexual.
Y, además, añaden: "Se está criminalizando la masculinidad y, a este paso, los hombres no van a poder salir de casa".
Confiemos en que no lo consigan.
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