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Dalia Álvarez Molina

26 de Marzo del 2018 - José María Fernández Cardo

El 17 de noviembre de 2015 publicaba Dalia Álvarez Molina en este diario de LA NUEVA ESPAÑA un texto solidario con las víctimas de los atentados de París, a raíz del ataque terrorista en la sala de fiestas Bataclan; el título de su texto era “Bataclan mon amour”. Hoy no he podido por menos de leer a mis alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras ese texto de la que hasta hace muy poco era su profesora de Filología Francesa, Dalia. El último párrafo, que aquí se reproduce, dice mucho de ella, como persona y como profesora: “Todo esto se lo contaré a mis alumnos en mis próximas clases. Es la única arma de destrucción masiva de la que dispongo contra el fanatismo, y espero poner así mi granito de arena en la formación de espíritus críticos que se atrevan a defender su propia libertad y la de los demás. No puedo olvidar que a escasos cien metros de donde cayeron las primeras víctimas viví mis primeros diecisiete años”. El texto tiene más actualidad de la que quisiéramos, todavía este fin de semana los medios de comunicación nos sorprendían con la noticia de un nuevo atentado en suelo francés…

Nosotros, los profesores de Filología Francesa de la Universidad de Oviedo, tampoco hoy podemos olvidar a Dalia Álvarez Molina, fallecida ayer, domingo 25 de marzo, a una edad inapropiada, a pesar de haber librado durante más de tres décadas un valiente combate contra la enfermedad, porque el de “valiente” junto al de “solidaria” son los adjetivos que mejor la califican. Dalia, en la Facultad, desde hace muchos años era solo ella; tenía nombre de flor y no por casualidad, sus padres, Aurora Molina y Ramón Álvarez, le pusieron ese nombre para inscribir en ella la mejor tradición del anarquismo español que sufrió el exilio, después de la guerra, en Francia. Dalia había nacido en París y vino a España con la Transición. Aún recuerdo haber oído de sus labios el relato de cómo sus padres la trajeron de niña hasta Hendaya y le mostraron España al otro lado de la ría del Bidasoa. En su casa de París se reunía lo más granado del exilio, por ejemplo, José Maldonado, asturiano, último presidente de la República; por allí pasaban los jóvenes políticos que soñaban con otra España, y para muestra nos conformaremos aquí con nombrar a Antonio Masip. Todos ellos la conocieron de niña. Pasaron los años, estudió Filología Francesa en Oviedo, y cuando defendió la tesina en nuestra Universidad, entre el público, un testigo de la historia y de su propia historia personal, el mismísimo José Maldonado.

Su incorporación al Departamento de Francés de la Universidad de Oviedo en 1982 supuso el inicio de algo nuevo, era la primera profesora que había nacido en París, bilingüe, referente obligado si había alguna duda, con una conciencia de la lengua escrita y hablada, española y francesa, muy poco común. Podemos aún disfrutarla con la lectura de sus trabajos de investigación sobre literatura, dedicados a los que fueron los autores de su vida: Ramón. J. Sender, Jorge Semprún, Louis Ferdinand Céline y Albert Camus. Si se mencionan aquí es porque su dedicación a todos ellos dice mucho de su persona. Ella fue la primera que dedicó en España una tesis a Céline, el autor del “Viaje al final de la noche”, antes de que Joaquín Leguina escribiera su novela “La fiesta de los locos”, relacionada con el mismo autor; la tesis, que obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado, permanece inédita por expreso deseo de Dalia, cuya exigencia intelectual le hacía minusvalorar lo que había sido una aportación verdaderamente significativa sobre el tema de lo grotesco en la literatura.

Dalia, además de trabajar en literatura francesa, hizo todo lo que pudo por difundir y sacar a la luz los textos de su abuelo Juan Manuel Molina, referente indiscutible del anarquismo histórico español, ligado a Barcelona, junto a Lola Iturbe, su abuela admirada, modelo de mujer comprometida. Dalia se encargó de preparar una moderna edición de “España Libre”, la traducción que había hecho su abuelo de los textos que Camus había dedicado a España (editado por La Linterna Sorda, en 2014), y ella fue también la que se encargó de volver a publicar en Zahorí Ediciones en 2011 otro texto importante del mismo Juanel, “Noche sobre España, siete años en las cárceles de Franco”. Dalia no sólo tenía tiempo para atender su propia carrera como docente e investigadora, sino que asumió con responsabilidad la custodia y la cesión del archivo familiar, legado por su padre, Ramón Álvarez, autor prolífico y referente necesario para la historia del anarquismo en Asturias, del que cabe recordar su libro “Rebelión militar y revolución en Asturias, un protagonista libertario”. Y Dalia también, con la generosidad que le caracterizaba, se desprendió de un retrato de Durruti, que regaló al Museo de León, edificio Pallarés, porque estimó que ése era el emplazamiento más adecuado para ser contemplado por los conciudadanos del líder histórico.

Fue el de ayer un día oscuro, en que la lluvia no cesaba de caer, de una primavera que no termina de llegar, y, sin embargo, su compañero fiel desde la edad temprana, Miguel, y sus dos hijos, Mario y Ana, reflejaban en sus miradas el resplandor de una luz heredada, irradiada desde la fortaleza histórica que Dalia había compartido con ellos.

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