Cumpleaños mortal
No son siempre los cumpleaños eventos alegres, especialmente cuando se hace coincidir la fecha del nacimiento con la de defunción. He recordado estos días el nombre de una película de terror de principios de los 80 que viene bien como título de esta carta a LA NUEVA ESPAÑA.
Se acaban de cumplir los 50 años del descubrimiento de la cueva de Tito Bustillo, efeméride que parece va a ser celebrada a lo largo del año con actos de distinto tipo. Pudiéramos pensar que tal celebración fuera acontecimiento agradable para todos; sin embargo, no parece ser así y los actos han comenzado con un par de pistoletazos de salida más parecidos a un obituario que a un feliz aniversario, ambos de la mano de sendos representantes de la política asturiana: la alcaldesa de Ribadesella y un diputado regional.
La alcaldesa de FORO se ha dolido en los medios de la supuesta falta de colaboración entre administraciones a la hora de gestionar el bien paleolítico y para demostrar su buena disposición a la colaboración institucional, ha acudido, cámara de fotos en mano, a documentar los desperfectos que sufre el añoso edificio que da acceso a la cueva (centro de trabajo del personal de la consejería de Educación y Cultura). No deja de ser novedoso el modelo de colaboración desplegado por Charo Fernández, aunque dudo que su reciprocidad agradara a esta máxima representante de la política local. Se me ocurre como ejemplo que algún cargo público del mismo nivel institucional que el de la regidora riosellana, pero representante de la administración autonómica, acudiera al edificio del ayuntamiento de Ribadesella a documentar fotográficamente las posibles averías del inmueble, para luego publicarlas, en alarde de colaboración institucional, en los medios de comunicación.
Por su parte, Pedro de Rueda, portavoz de asuntos culturales en la Junta General del Principado por el Partido Popular, se ha liado bastante hablando sobre la conservación de la cueva y sus pinturas (posiblemente por culpa de un guion mal digerido) y, con gran desconocimiento, ha vuelto a afear la gestión de Asturias en relación con la de Cantabria y la de Francia, entre otras razones de peso porque allí se construyen réplicas. Según parece, es preferible cerrar Tito Bustillo y construir un "producto turístico-cultural moderno", que mantener la cueva original abierta y complementar su visita con los contenidos del Centro de Arte Rupestre, donde se expone todo aquello que en la cueva original no puede verse.
Además de lo anterior, se han repetido estos días titulares de tinte necrológico referidos a "la muerte de la cueva de Tito Bustillo", expresión quizá apropiada para una performance zombi pero no para referirse a la gestión medioambiental de una cueva con arte rupestre.
Visto todo ello, mucho me temo que afrontamos un cumpleaños mortal más de los que esta malhadada cueva, siempre acompañada de la falta de rigor y del folclore, viene celebrando desde su fortuito descubrimiento espeleológico en el mes de abril de 1968.
María González-Pumariega Solís, Oviedo
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