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La extraordinaria labor de los abuelos

24 de Abril del 2018 - José Antonio GUTIÉRREZ GLEZ. (Piedras Blancas)

En nuestro país, los abuelos se han convertido en un soporte insustituible de las familias. Si no fuera por ellos, para muchas parejas, sería imposible conciliar vida familiar y laboral; ayudan a sus hijos, cuidan a sus nietos. Les regalan su tiempo; lo mejor de sí mismos. Les ofrecen todo su cariño. Son ellos los que consiguen, muchas veces, que los matrimonios no se rompan. Un porcentaje muy elevado de nuestros abuelos asumen responsabilidades de padres, para que sus hijos puedan crecer profesionalmente y disfruten más.

Creo que se define a la perfección el sentimiento que a las puertas de la llegada de la vida se debe sentir cuando los hijos, esos que han crecido tan deprisa, esos que creen que ya no nos necesitan, se convierten en padres y nosotros en los abuelos de unos nietos que son la sal y el azúcar de la vida.

Cuando siempre habíamos creído que al llegar la jubilación podríamos tener tiempo para actividades que no se pudieron hacer antes, los cambios en la sociedad hacen que se siga en activo. Y echan un mano, aunque a muchos les toda echar las dos para cuidar de los nietos cuando los padres han de trabajar y los ingresos no permiten pagar guarderías, colonias de veranos, canguros... ahí están los abuelos salvando la situación.

En honor a la verdad puede decirse que los abuelos son el mayor tesoro de la familia, los fundadores de un legado de amor, los guardianes de las tradiciones que perduran en el recuerdo, los mejores contadores de historias.

Ciertamente, los abuelos, siempre, pero hoy más que nunca, deben ser considerados como los grandes depositarios de recuerdos que no deben quedar perdidos en el olvido por lo que conllevan de sabiduría y experiencia.

En época de crisis, cuando existen rupturas matrimoniales, los abuelos con capaces de acoger de nuevo a los hijos y con ellos a los nietos y hasta volver a mantener, consolar, alimentar y dar cobijo a los unos y a los otros, sin reproches y sin pedir nada a cambio.

Por todo ello, me irrita y me enfurece ver con alguna frecuencia nietos desagradecidos y/o maleducados, influenciados por madres o padres que dosifican y hasta prohíben el contacto de sus hijos con los abuelos.

Como final, siempre he dicho que, por la dedicación y los sacrificios que ello supone, seguro que el cielo está lleno de madres, profesión de la que nunca se jubilan, pero ahora tengo que añadir que también está lleno de abuelos, ya que, con menos fuerzas y mayor responsabilidad, desempeñan un papel impagable.

Sin los abuelos, muchas veces los niños estarían, si no desamparados sí un tanto desatendidos.

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