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Precariedad europea

24 de Abril del 2018 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

Se dice que el optimismo es ignorar los problemas. En la montaña de la Historia se suben escarpadas pendientes y se llega a suaves explanadas. Pero la época de prosperidad para cada explanada se agota (algunos lo llaman ciclos). Entonces atrevidos pioneros suben a explorar la montaña en busca de nuevas explanadas. Otros esperan: quieren conservar su "quítate tú, que me pongo yo". ¿Por qué escalar la montaña? Cambiando de nombre a las calles y transformando el relato de la Historia se deja de interpretarla; así se llega a un futuro sin necesidad de ascender: la oncena tesis, pero pobremente aplicada. El pionero que retorne tras encontrar una nueva explanada lo tendrá difícil. En Europa faltan líderes que quieran salir del "esto nunca se hizo así". No se trata de cambiar la Ley, sino de acceder a un derecho económico como un deseo heredado de la Historia. Se trata de compartir la libertad: una semilla guardada para una nueva cosecha: un ingreso mínimo por parte del Estado a las personas por existir, y otro por su actividad profesional en la empresa (además del salario privado de la misma). Se trata de ser activos en las ocupaciones y que el Estado premie tal actividad si genera riqueza en forma de impuestos; y si no es así, formarse para cambiar de ocupación o de empresa, y ascender.

Fue en Norteamérica donde (siendo británicos) gritaron: ¡Libertad! Lo hicieron tan alto y claro que atrajeron a la Revolución francesa. La idea que se tenía entonces del contrato social era la expresada por Luis XIV: "El Estado soy yo". En el siglo XIX la revolución industrial hizo que la institución de la esclavitud fuese sustituida por la del trabajador asalariado. Ahora la robótica y la IA acaban con el trabajador asalariado. ¿Significa esto que se termina la actividad profesional en las ocupaciones? No. Significa que la actividad de los ciudadanos puede amplificarse tecnológicamente en aras de la libertad, mientras el reparto de la riqueza (o valor de dicha actividad) puede hacerse de otra forma. John Maynard Keynes advirtió en 1931 que el desempleo generalizado debido a la tecnología obligaría a otras formas... Y llegó 1939 sin alcanzar una nueva explanada. Durante la segunda mitad del siglo XX fuimos avisados: la energía fósil tiene caducidad, Gaia puede eliminar a culturas patógenas, el sistema capitalista enferma de neoliberalismo amoral, el obrero fallece mientras el empleado desaparece... Sin embargo, la economía vivió y vive un platónico servicio al rentista depredando personas activas, no percibe que en la Historia la ley natural es que el depredador se extinga primero que su presa. Aunque ya desde el Banco Mundial vean el problema: "La naturaleza cambiante del trabajo", aquí seguimos sin querer llevar a la sociedad a una nueva explanada.

Europa escogió la austeridad, pero los síntomas de ceguera ya eran visibles: guerra de los Balcanes (como si no fueran Europa); juicio económico a Grecia abandonando a los griegos (como si no fueran europeos); Brexit (como si no fuera importante); populismos en Polonia y Hungría (como si fueran solución); sectarismo egoísta y excluyente en Cataluña (como si fueran víctimas). Y, ahora, esa equivocada decisión de una judicatura alemana (como si la rebelión de un presidente fuera asunto banal). ¿Acaso se ha olvidado la Historia?

Europa está en precario: unos quieren rodar montaña abajo por la Historia y otros empujan.

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