Las pensiones de viudedad
Este tema que aquí tratamos el 25 de abril, con el título de “Casos y Cosas”, ha sido motivo para que una señora de un importante barrio periférico de Gijón, que dice llamarse Amelia Menéndez García, me llamara por teléfono (con frases ponderativas y de agradecimiento, que omitimos), para contar su caso, dramático, dada la angustiosa situación económica que vive con la miserable pensión que le han dejado después del fallecimiento de su marido. Angustiosa y dramática, como esta señora nos describe y que traslado al estimado lector.
Doña Amelia, tratando de ocultar un sollozo, nos dice que la pensión que le dejaron a su marido cuando se jubiló no les permitía vivir con holgura, más bien todo lo contrario. “Más bien con apreturas y estrechamente, lo que entristecía y hasta dañaba nuestro matrimonio. Hoy, además de perderlo a él, con la pensión que me han dejado vivo ahora casi en la indigencia y me veo obligada a recurrir a Cáritas”.
Sentimiento, indignación y perplejidad. Y esta pregunta: ¿cuántas señoras viudas están en esta angustiosa y dolorosa situación? Miles y miles, ante la indiferencia y hasta desprecio de políticos y gobernantes. Excelencias y señorías que tienen en esto una gran responsabilidad, y que son los que tienen que solucionar esta injusta situación. ¿Cómo? Disponiendo, acordando y legislando para que la pensión del marido pase íntegra a su viuda, a la que, en tantos casos como el de doña Amelia, se las condena a vivir pobremente cuando sobre ellas pesa ahora todo el peso del hogar o casa, sus gastos y sostenimiento, y, en muchos casos, la carga de un hijo enfermo o sin trabajo, lo que hace más dramática la situación económica de esa desamparada viuda. Y que nadie nos venga a decir que no hay perras. Sí las hay, en cambio, para subirse los suculentos sueldos, dietas y demás prebendas a sus excelencias y señorías, despilfarro y la mala administración de algunas autonomías, como la catalana. Y no digamos ya del dinero que se llevan los políticos corruptos y sinvergüenzas, que además no devuelven. Ni tampoco no les exige.
He aquí una buena y justa causa para defender en ambas cámaras legislativas, y también en la calle. Por cierto que en ella están hoy los pensionistas reclamando un aumento, pero ninguno, nadie, pide que esas pensiones se dejen íntegras mañana a sus viudas, que es lo que en realidad deberían reclamar, preferentemente. Pues bien, esto es lo que se inicia desde LA NUEVA ESPAÑA, tan proclive a la defensa de los problemas y necesidades de nuestros pueblos y gentes, con la mejor voluntad y esperando que, solidariamente, no caiga en el vacío esta reivindicación por las pensiones de viudedad.
Ricardo Luis Arias
Aller
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