Pablo no se va
El resultado de la consulta interna convocada en Podemos esconde más de lo que muestra. El aspecto central de la polémica, la firma de una hipoteca de casi medio millón de euros por parte de Irene Montero y Pablo Iglesias para adquirir un chalé en la sierra norte de Madrid, dio lugar a un plebiscito al más puro estilo peronista de "o nosotros o la nada", en el cual, pese a las críticas de los sectores anticapitalistas, ninguna de las facciones ha hecho campaña contra los dirigentes refrendados. Los datos publicados por la secretaría de organización permiten medir la correlación de fuerzas en el seno del partido. El 68,42% de los participantes respalda la continuidad de la pareja al frente de la secretaría general y la portavocía del Congreso. Por contra, una sustanciosa minoría del 31,58 % considera que deben dimitir. El 60% de los inscritos se abstuvo.
Lo que pudo ser planteado como un velado pulso entre el oficialismo pablista y la corriente de Teresa Rodríguez puede legitimar un acercamiento del secretario general a los errejonistas, extremo que adquiere más relevancia, si cabe, ahora que Podemos vislumbra la posibilidad de alcanzar un encaje institucional más útil; toda vez que apoye la moción de censura con la que Pedro Sánchez pretende desalojar al presidente Rajoy de la Moncloa. Pero la cuestión de fondo resulta más ética que estética. Por más que la moral no sea un elemento del debate político, determinados actos personales en ciertos dirigentes comportan una trascendencia susceptible de ser evaluada con un criterio deontológico. No son un ejemplo de coherencia determinadas prácticas por parte de quienes alcanzaron el éxito electoral con un discurso implacable contra el sistema bancario y los excesos del crédito irresponsable. Tampoco supone un ejercicio de empatía ante las víctimas de los desahucios y los jóvenes para quienes comprar una vivienda sigue siendo un problema.
Con el PSOE marcando la agenda política y la crisis catalana incandescente, Podemos tiene por delante meses difíciles en los que, entre otras cosas, deberá definir aspectos clave como las fórmulas de convergencia con otras fuerzas de izquierdas o la selección de los candidatos a las próximas elecciones autonómicas y municipales; todo ello en una formación con tendencia a la centrifugación interna y aquejada de envejecimiento prematuro.
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