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¿Hasta cuándo la Consejería de Educación seguirá abusando del Colegio Nazaret?

1 de Junio del 2018 - José Villaamil Gómez de la Torre (Oviedo)

¿Hasta cuándo la Consejería de Educación del Principado de Asturias seguirá manteniendo en vilo a toda la comunidad educativa del Colegio Nazaret?

¿Hasta cuándo seguirá actuando con recursos públicos y de forma irresponsable, con el único afán de dilatar este proceso contra los intereses de un colegio concertado, de barrio, que nunca se ha rendido y que les ha vencido judicialmente?

¿Hasta cuándo los que son responsables de mantener esta posición tumbada por los tribunales hasta en cinco ocasiones pueden seguir en sus puestos sin asumir responsabilidades políticas?

De nuevo, y por quinta vez consecutiva, la Justicia, a través del auto dictado por el TSJA el pasado 15 de mayo de 2018, vuelve a dar la razón al Colegio Nazaret y desestima el recurso de la Administración contra las medidas cautelares adoptadas por el propio tribunal, que habían establecido que el colegio dispone de dos aulas en todos los cursos de Educación Infantil. Además, rechaza las pretensiones de la Consejería que solicitaban que se incrementase en más del triple la caución económica que debía presentar el colegio para avalar las propias medidas cautelares, cuantía desproporcionada -lo que demuestra la mala fe de los responsables de la Administración- teniendo en cuenta que el Colegio Nazaret es un colegio pequeño, de barrio, que no dispone de más recursos económicos que los derivados del concierto educativo, y, por tercera vez, condena en costas a la Administración.

Son ya cinco las resoluciones judiciales, dos sentencias y tres autos, que han dado la razón al colegio. Resulta entonces inadmisible, desde un punto de vista político y legal, la contumaz desproporción con que la Consejería sigue actuando contra la comunidad educativa del Colegio Nazaret, que nunca ha aceptado sus resoluciones y nunca ha comulgado con su política de hechos consumados y que, a pie firme, les ha plantado cara y vencido en los tribunales, que ha llevado su causa a los medios de comunicación para darla a conocer a la opinión pública y que la ha bajado a la arena del ruedo político a través de los grupos que tuvieron a bien el formular preguntas al consejero de Educación o incluso el presentar una proposición no de ley que fue aprobada en comisión de la Junta del Principado.

En todo este tiempo y, sobre todo, tras las sentencias desfavorables a la Administración, nunca ha habido una verdadera voluntad de llegar a una solución por parte de la Consejería, pues siempre ha quedado patente una contradicción manifiesta entre, por un lado, las falsas buenas palabras del consejero de Educación hacia la labor del Colegio en un barrio de clase trabajadora y su aparente voluntad de diálogo y, por otro lado, sus acciones, todas contrarias a la búsqueda de una solución política al conflicto. Como ejemplo de esa contradicción resulta bochornoso recordar, como prueban el diario de sesiones y la videoteca de la Junta, cómo el Consejero faltó a la verdad, a sabiendas o por omisión, en sede parlamentaria cuando manifestó que el colegio nunca había recurrido el nuevo concierto, dando a entender que se había allanado a esta nueva situación. Antes al contrario, se presentaron alegaciones que no fueron contestadas por la Administración y esta omisión ha permitido la presentación de un nuevo recurso y la apertura del actual proceso. Si bien es cierto que se han producido reuniones entre la Consejería y representantes del colegio, en todas ellas se puso de manifiesto esa contradicción, pues más que un diálogo sin condiciones previas eran meras comunicaciones de la presentación de nuevos recursos contra las sentencias y autos favorables para el Colegio, en las que el director general de Planificación aducía como único argumento la economía en el gasto público (lo que resulta irónico cuando siempre han sido condenados en costas y cuando su único ofrecimiento es el de resarcir económicamente al colegio de los perjuicios estimados por los tribunales).

En el año 63 a. C., en Roma, Marco Tulio Cicerón acabó con una conspiración que pretendía dar un golpe de Estado gracias a cuatro famosos discursos llamados Catilinarias. Las tres primeras frases de su primer discurso podrían perfectamente tener como receptores a los responsables de la Consejería de Educación, desde el Consejero hasta la jefa de servicio de centros, pasando por el director general de planificación, que siguen ensañándose, contra la lógica jurídica y contra el sentido común, y aquí ya no cabe ninguna duda, con la comunidad educativa de un colegio de barrio, humilde pero valiente, que les ha ganado de forma aplastante en los tribunales.

¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?

¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?

¿Cuándo acabará esta desenfrenada osadía tuya?

José Villaamil Gómez de la Torre es profesor del colegio Nazaret

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