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Estado-Pueblo-Nación

30 de Mayo del 2018 - Francisco Guillén González (Oviedo)

Se puede definir al Estado (con "e" mayúscula) como "sociedad organizada, que cuenta con instituciones y órganos políticos, administrativos, jurídicos, etc., y un gobierno (...)" ("Léxico de filosofía" Jacqueline Russ).

Hobbes (1588-1679) dejó escrito: "El derecho de todos sobre todo (...) obra de tal manera que el estado de naturaleza sea un estado de guerra incesante de todos contra todos". En ese estado natural, es imposible la vida humana, no solo por la amenaza permanente de muerte violenta, sino también por la imposibilidad de producir los medios de vida. Se necesita la paz.

Se entiende que la guerra es el fracaso de la política, la regresión al estado de naturaleza. Así, Hegel escribió: "(...) la guerra no es política, sino naturaleza, un residuo del estado de naturaleza. La comunidad política y estatal se afirma y se edifica sobre la base de la cesación del estado de naturaleza y del estado de guerra interior (...)". Es por ello que el Estado tiene el monopolio de la violencia, actúa coaccionando a aquellos que ponen en peligro la paz social.

Para evitar el carácter puramente represivo, tiene que ser inclusivo, no dejando al margen ninguna minoría, bien sea por razón de género, de religión, de lengua o raza, ya que el dejar en condiciones de inferioridad a sectores de la población da lugar a un desgarramiento que puede generar el estado de guerra. Según Rousseau, donde hay esclavitud no hay Estado en sentido propio.

Lógicamente, la vocación universalista del Estado implicaría también el establecimiento de la paz a nivel internacional. A pesar de que en este terreno hay mucho camino por andar, sí se han establecido una serie de leyes internacionales que castigan el genocidio, el uso de armas biológicas y químicas, etc., a fin de poner coto a la "bestia humana".

E

l extremismo nacionalista desvirtúa el carácter del Estado al identificarlo con el pueblo y la nación (un solo pueblo, una sola nación, un solo Estado), y al situar al pueblo sobre el Estado. Según los ultranacionalistas, los pueblos permanecen, los Estados desaparecen; ya que los pueblos -dicen- tienen sus orígenes en los tiempos más remotos al estar ligados a la tierra, a la sangre, a las costumbres y a la lengua de nuestros ancestros. Ese naturalismo (tierra, sangre, etc.) implica una serie de hechos diferenciales, ya que ningún ser natural es igual a otro. Los más extremistas teóricos del nacionalismo niegan el mismo concepto de "Hombre" ("a lo largo de mi vida he visto franceses, italianos, rusos, etc.; (...); pero por lo que se refiere al hombre, afirmo que en mi vida me he encontrado con él; ignoro si existe". J. de Maistre, "Considerations sur la France" en Eubres Còmpletes , vol. I, p.74).

Aún más radical es el racismo basado en el darwinismo social, que ensalza al hombre blanco ario frente a los otros, a los cuales considera miembros de razas inferiores, sean judíos, gitanos, morenos, negros, etc., reduciéndolos a meros "seres" que pueden ser cazados y eliminados a fin de que no contaminen a los "puros".

Al ser prioritario el pueblo, los rasgos particulares (diferenciales) se trasladan a la "Nación" (nación particular) y al Estado (Estado particular). Al aplicarse esos rasgos a la hora de decidir quiénes forman parte de la nación-estado, se hace una distinción entre "nosotros" y "ellos", y se aboca a un posible estado de guerra interno. Se da, de hecho, una regresión al estado de naturaleza. Podemos leer en Hegel: "Se ha de considerar como algo grande el hecho de que ahora el hombre sea considerado, en tanto que hombre, como el titular de los derechos, de manera que su ser hombre es algo superior a su ser social". Sabemos lo que significó el olvido de la categoría de "ser humano", su negación.

El Estado universal no puede obviar las características particulares de cada ciudadano. Sería de hecho la negación de la libertad. Por idéntica razón, debe respetar y proteger los hechos diferenciales y los derechos de los pueblos que convivan dentro de ese marco político. El no respeto a la personalidad de cada uno y a la complejidad y riqueza de la vida humana nos conduciría a un Estado absolutamente totalitario. Sería reducir a la humanidad a un "hormiguero".

El Estado Universal tiene por definición la vocación de ser un Estado mundial. Kant dejó escrito: "(...), y no saludaremos la paz perpetua hasta que nuestra civilización (solo Dios sabe cuándo) haya alcanzado el punto de perfección del que únicamente pueda ser consecuencia una paz semejante."

Acaso nuestro primer paso sería construir el Estado europeo, pero es tarea difícil si Europa se fractura, una y otra vez, en "un camino sin fin".

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