Epitafio para un traidor
Con fecha 16-11-16, me publicaban en estas mismas páginas la carta "Réquiem por la Constitución", en la que denunciaba "la forma encubierta en la que el gobierno de Rajoy, apoyado por la mayoría de los partidos parlamentarios, estaba llevando a cabo las negocio-cesiones con los nacionalistas, para desembocar en el final ya escrito en alguna parte". Por desgracia la avalancha de sucesos delictivos llevados a cabo por parte de independentistas catalanes, y las actuaciones indignas en contra de lo que correspondería al Gobierno de la Nación que se han sucedido desde entonces, han confirmado los peores pronósticos, que alguien como yo -no precisamente experta en política- aventurara en otros escritos similares ("La profecía",14-9-17; "Juego de trolas", 8-10-17; "Ganarán los sublevados", 1-11-17; y "Elecciones, el premio a los golpistas", 20-12-17).
Las actuaciones y no actuaciones de Rajoy, calificadas por muchos -inconscientes de ello o contribuyendo al engaño- como prudencia, magistral control de los tiempos, astucia o aburrimiento y vagancia, no eran más que la cara de una moneda falsa y falsaria. Era la cobardía de un traidor a un programa y a unos votantes, la cobardía que le ha llevado incluso a ausentarse del hemiciclo cuando se debatía su moción de censura, para culminar no dimitiendo y para así pasar el remate de la faena de la destrucción de la actual España Constitucional a Pedro Sánchez, sabedor de que éste, con el apoyo de nacionalistas y antisistemas, la llevará a cabo de una forma más decidida. Porque una cosa es poder engañar a sus votantes a lo largo de dos legislaturas, y hacer pactos hipotecarios con el PNV -que a su vez ha pactado con Bildu para proclamar la nación de Euskadi- para seguir gobernando (ja, ja); o apoyar y rendir pleitesía al nuevo presidente naci-independentista de Cataluña. Pero otra cosa muy distinta, dada la situación terminal del partido que ha hundido, hubiera sido rematar a cara descubierta la faena para la confederalización de España.
Disfrazando esta cobardía de sacrificio pretende ser visto como el mártir al que arrojaron del poder por "defender la unidad de la Nación" (sic). Sin duda confía en que la banda de palmeros agradecidos (y no menos traidores) de los que se ha rodeado -una vez eliminados del partido todos aquellos que eran contrarios a sus mezquinas manipulaciones- le siga sosteniendo como figurón para vegetar hasta el hundimiento definitivo
Porque, a todas luces, estos han sido los objetivos de su mandato, hundir al PP (un partido liberal-conservador incompatible con el siniestro proyecto que tenía que realizar) y así facilitar todos los movimientos para la destrucción de España como Nación.
El camino a seguir ya lo había marcado su antecesor en la Moncloa. Su misión era continuar sus pasos -tarea que a simple vista parecía imposible dado el partido que le sustentaba- y para ello no valía ir de frente, como hizo Zapatero: Simplemente no había que derogar ninguno de los proyectos y leyes impulsadas por aquél y engañar a los ciudadanos ocultando su verdadero plan tras la máscara de la calma y la pachorra.
Para los votantes de la derecha son estos unos momentos agridulces -casi de liberación- en los que, por una parte, muchos celebramos la caída de un presidente nefasto. Pero también vemos con gran preocupación la llegada de una muy mala copia del iluminado Zapatero, alguien que acelerará la marcha parsimoniosa pero implacable para la destrucción de España como Nación que imponía Rajoy. No hay ninguna sorpresa respecto al descabellado proyecto de "nación de naciones" de este personaje y para ello como ha expresado en varias ocasiones "actualizara y modernizara la Constitución", según sus escasos parámetros intelectuales.
Como vengo desde hace tiempo compartiendo con algunos de ustedes desde esta columna de LNE, estamos a punto de asistir al final del largo recorrido, iniciado hace catorce años con los atentados en los trenes de cercanías y la victoria de sus promotores ("Silencios convenidos sobre el 11M", 9-7-11; "11M, vergüenza nacional",11-3-15; "A los 12 años del 11M", 10-3-16; "11M, trece años de infamia", 10-3-17; "Justicia hipotecada", 9-4-17; "11M, año XIV del Tiempo Nuevo", 16-3-18). Después todo ha seguido los planes previstos, sorpresa de incautos desbordados, derrota de un Rajoy entonces inédito, un nuevo presidente que descaradamente marcó el camino, seguido de una marioneta coaccionada o quizás convencida, que representaría el papel asignado y culminaría su triste misión de traidor cediendo los trastos a quien, con ayuda de separatistas y chavistas nos hundirá definitivamente. Es "El tiempo nuevo, el cambio de página, que esta vez tiene que ser posible con una política mayor" anunciado por un conocido periodista- el mismo 11M, a la vez que un miembro del grupo abertzale Elkarri sugería "Esto merece una reflexión sobre la política antiterrorista, sobre el futuro".
El futuro ya está aquí.
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