La dura realidad de las pensiones
Los pensionistas, hasta hace bien poco, llevaron su singladura sin revueltas ni protestas siquiera. Pero, últimamente, se lanzaron a la calle empujados -por lo menos- por sus razonables inquietudes. Inquietudes no justificadas ni mucho menos explicadas verazmente por los responsables de turno, al menos en a lo que se refiere a la realidad económica de que se nutren las pensiones y, aún más, con el fin con que fueron creadas y sostenidas. Esos señores debieran empezar por decirnos que las pensiones se pagan con las cuotas mensuales que ingresan los trabajadores en activo. También debieran explicarnos que cada pensionista cobra en proporción a lo que ingresó y al tiempo durante el que lo hizo. Que aspirar a tratos diferentes no es razonable, ni legal, ni posible sin infringir las normas que protegen al sistema. Claro está que decir de forma nítida todo esto por parte de los responsables es arduo, ya que puede dar lugar a más problemas que a los actuales.
El punto de partida de las políticas de protección se sitúa en la Comisión de Reformas Sociales de 1883. Más adelante, el Ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión Social de entonces, Joan Lluhí, sometió a información pública el anteproyecto de ley de bases de seguros sociales. Dicho proyecto no llegó a las Cortes al dimitir el Gobierno de Casares Quiroga tras la sublevación militar que dio lugar a la Guerra Civil en 1936.
El Fondo de Reserva de la Seguridad Social fue creado en el llamado "Pacto de Toledo" para asegurar en el futuro el pago de las pensiones en caso de ser deficitaria la diferencia entre cobro de cuotas y pago de pensiones. Dicho Fondo nació con quince recomendaciones encaminadas a garantizar las pensiones y su actualización futura. Comenzó a tener efecto desde su firma en 1996. En él se fueron ingresando los excesos producidos entre lo recaudado y lo pagado, llegando a tener su saldo máximo en 2011 con 63.000 millones de euros.
Muchos desconocemos el porqué hasta la firma del "Pacto de Toledo" no se tuvieron en cuenta los excedentes de las pensiones, y en vez de reservarlos -aunque no existiese entonces el Fondo de Reserva de la Seguridad Social-, presuntamente se gastaron en inversiones generales del Estado (infraestructuras de todo tipo). También desconocemos el porqué hasta no hace mucho tiempo se podía comprar la pensión, permitiendo un sistema de cálculo tan generoso que con solo 10 años de cotización permitía conseguirla.
Aunque ya con el Fondo de Reserva en marcha -según algunos diarios económicos; entre ellos "El Confidencial"-, el gobierno de turno se tomó la libertad de no ingresar los 14.000 millones de superávit producidos en la cuenta de explotación de las pensiones en los años 2008 y 2009, destinándolos al pago de las prestaciones por desempleo. Por esas mismas fechas, el mismo "Confidencial" nos dice que se tiró del Fondo de Reserva para cubrir las necesidades de financiación del Estado, mediante compra masiva de deuda pública española, incumpliendo así el principio de prudencia que debería de regir la gestión de dicho Fondo.
Para más inri, desde el año 2007 la media de las pensiones creció, llegando de los 800 de entonces a los 1.074 de ahora; haciendo que la base de la pirámide se diese la vuelta y que, desde hace unos seis años, los ingresos no alcancen para cubrir los pagos. Actualmente el déficit se acerca a los 20.000 millones de euros anuales. Como consecuencia de ese diferencial negativo el gobierno echó mano al Fondo de Reserva -ya que para eso se había creado-. Tanto se metió la mano en él que, en 2017, prácticamente se esfumó su saldo.
Por tanto, si aspiramos a pensiones más altas, no habrá más remedio que sufragarlas con dinero de las arcas del estado. Pero a las arcas del estado el dinero no les cae del cielo, ya que solo se nutren de los impuestos que sufren sobre sus espaldas los ciudadanos.
Para consolarnos, en verdad, habremos de mirarnos en el espejo de la realidad. Si lo hacemos, veremos que otros países más ricos que España, como por ejemplo la potente llamada Inglaterra (U.K.). Allí, sus pensionistas cobran todos por igual 450 libras/mes (500). Claro que allí, no como en España, todos cotizaron lo mismo durante el período mínimo exigido para poder tener derecho a pensión.
Mal que nos pese, en España estamos a la cabeza de Europa en lo que se refiere a importe de pensión por pensionista, con una media de 1.074 euros. En Italia cobran 500. En Francia, 1.086. En Alemania, 1.003. En Polonia, 500. En Portugal, 400. Encima, en nuestra España, la primera pensión con respecto al último salario percibido es el más alto del mundo, ya que se acerca al 90%, mientras que en el resto de Europa puede llegar a una media del 50%.
Que no nos engañe y menos nos emocione la última subida de las pensiones en un 1,96%, surgida de un obligado acuerdo entre gobierno central y el del País Vasco. Según "El Economista.es", la propuesta que pretenden algunos partidos de ir actualizando las pensiones al IPC abocaría a la Seguridad Social a una quierbra segura a medio plazo. El sistema de pensiones, con su situación actual de recaudación, bastante tendrá que ver con mantener los importes que actualmente se cobran sin pensar en utópicas subidas de ningún tipo. Para que los ingresos de los pensionistas en forma de pensión sean más altos habrá que cotizar más, solución complicada con los salarios actuales -económicamente hablando-, o, lo que es igual, costearse por uno mismo un plan de pensiones paralelo en un fondo que, de ser posible económicamente, entre otros riesgos, puede quebrar dejándonos a dos velas cuándo llegue el momento de la jubilación.
Mal que nos pese, el pajar no se hace sin paja y como quiera que no hay más cera que la que arde, a los pensionistas creo que solo nos queda rezar para que se mantenga el sistema actual de pensiones por muchos años. Lo demás que queremos conseguir con nuestras protestas son utopías, amigos. Solo es humo. Humo que divisamos a lo lejos. Y si nuestra osadía persiste intentando cogerlo, probablemente se nos esfumará entre las manos.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

