Vieyos son los trapos
Eso decía siempre mi güela; ella no era vieya, era mayor.
Ahora que acompaño a mi padre a las revisiones médicas correspondientes, tien 86 años, me doy cuenta de que le tratan como vieyu no como mayor, dan por sentao que no se entera de nada y se dirigen a mí, como si él y mi madre, que está constantemente pendiente de él, no estuvieran allí.
Hoy fuimos a una consulta de Medicina Interna y la médica me pregunto si vivían solos y si están bien de la cabeza. Tovía no doy crédito. Yo siempre fui de efectos retardaos. Ahora más, “cosas de la edad, son 58 años ya”. Por eso escribo esta carta para decirles a todos los y las profesionales de la Sanidad que la vida son dos días y mañana serán ellos los que estén sentados al otru lau de la mesa, que se pongan en su lugar y los traten como personas mayores, no como trapos vieyos que ni sienten, ni padecen; merecen un poco más de respeto y empatía. Tienen los cuerpos gastaos y doloríos, pero los sentimientos y la dignidad intactos.
Cuando lo comentamos en casa mi nieta me dijo: “Porque no-y dijiste que güelita haz la comida toos los domingos pa too la familia, venti mil platos (ye así de exagerá) a gusto de cada unu”. Ella reacciona primero. Claro sólo tien 9 años y les facultades intactes.
Quiero dejar constancia de que, aparte de esta excepción, el personal del Hospital Álvarez Builla ye muy amable.
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