Consejo de Ministras y Ministros
Me gusta el nuevo Gobierno de Pedro Sánchez, sí, ese señor que sonríe con sus labios pero nunca con su expresión. Creo que la calidad de los nuevos ministros ha mejorado.
¿Qué hace un ministro? Pues depende. Un ministro que conozca a la perfección las actividades que gestiona su Ministerio hará un buen trabajo. Independientemente de que disponga de la ayuda de asesores, siempre tomará decisiones más acertadas si conoce bien lo que va a gestionar, y eso será bueno para todos. Si, al contrario, un ministro sólo conoce de oídas lo que tenga que ver con su Ministerio, no hará otra cosa que decir lo que le digan que diga, firmar lo que le den para firmar y aplaudir cuando le digan que aplauda. Para esto vale cualquiera.
Hay nombramientos que no acabo de entender. José Luis Ábalos fue profesor de Primaria y secretario de Medio Ambiente en Valencia. Ministro de Fomento. Pues vale...
María Jesús Montero, licenciada en Medicina, vale tanto para consejera de Salud como para consejera de Hacienda en Andalucía. Denunciada por prevaricación en la primera Consejería y firme defensora del impuesto de sucesiones en la segunda, es la nueva ministra de Hacienda. “Vamos, Pedro, aquí podías haberlo hecho mejor”.
Margarita Robles, jueza brillante, ministra de Defensa. ¿En serio? Pensaba que lo de Cospedal había sido un resbalón, pero sin duda este Ministerio está gafado. ¿Cómo creen que se defiende un país? ¿Con un mitin? No, hombre, no. Militares como Miguel Ángel Franco o Sambra Bumedian, u otros, saben de qué va esto y no se limitarían a firmar papeles o a desfilar incómodos frente a unas tropas.
Del nombramiento de Maxim Huerta, bueno, tengo mis dudas. Chico, ¿cómo puedes decir que no te gusta el deporte siendo ministro de Cultura y Deporte? Como no te muerdas la lengua, amigo, vas a durar poco en el cargo.
Por lo demás, el resto de nombramientos, en general, me gustan. El de Pedro Duque, en concreto, me encanta.
Aunque no sea tan importante, quiero terminar comentando algo. No le acabo de ver la punta a esa manía, o moda, o lo que sea, de distinguir los dos géneros de todo lo que se nombra. Ministras y ministros, ciudadanos y ciudadanas... Perdonen, pero no lo veo. Cuando uno piensa en los ciudadanos de, no sé, Pola de Siero, por ejemplo, uno piensa en hombres, mujeres, niños, abuelos... No veo la necesidad de especificar. Más bien creo que son los que puntualizan esas diferencias los que las sienten como suyas.
En cualquier caso, les deseo lo mejor en su gestión porque eso nos beneficiará a todos y a todas. Uy, perdón.
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