La ciudad de los mil arroyos sin puente
Llueve intensamente, y Oviedo se convierte de nuevo en la ciudad de los mil arroyos sin puente. Afortunadamente vivo en la parte alta y no hay demasiados problemas de inundaciones en garajes y almacenes. Debo subir, sin embargo, desde el centro de salud de El Cristo hasta la Facultad donde trabajo. Eso me obliga a cruzar diversos arroyos sobrecrecidos y a arriesgar los vendajes que la salud me hace transportar en mis piernas. No hay modo de evitar que se empapen. El río que desciende por el viejo HUCA, su zona ajardinada que se está volviendo salvaje, las hierbas abandonadas y crecidas que impiden el paso por las aceras, el río que desciende de Julián Clavería, el propio río Julián Clavería… ¿Es esto una queja? No estoy seguro. Me encanta que el viejo HUCA se asilvestre. También a los animales salvajes que conviven con los ovetenses, creo. Empero estaría bien que un jardinero recortase los setos que se apoderan de las aceras.
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