Leer y saber
Se puede decir que el hábito por la lectura ha venido decayendo de forma constante. Analizando las causas, podríamos decir que son diversas. La televisión, el cine, los teléfonos móviles, los video juegos, etc. se han convertido en alternativas que sin duda escamotean tiempo a la lectura tradicional.
La necesidad y el hábito de leer, se ven mediados por distintos niveles ocupacionales, pero sigue predominando el interés por las noticias deportivas y si acaso los titulares de primera página o de última hora pero con escasa interpretación y análisis de los que nos quieren contar y cómo nos lo cuentan.
Este desafío se resuelve con la capacitación personal de cada cual por interpretar lo que leemos y cómo lo relacionamos con otras versiones que también están a nuestro alcance a través de medios digitales hoy perfectamente accesibles.
En la mayoría de noticias que aparecen en los medios de comunicación habituales se hace una interpretación interesada más que objetiva con la finalidad de crear estado de opinión más que formarse un espíritu crítico.
Recuperar la práctica de la lectura, conlleva la capacidad de seleccionar aquello que queremos conocer, para fortalecer nuestra cultura y compromiso con lo que consideramos injusto. Acaso el desinterés institucional en fomentar la lectura, esté relacionado con que pensemos por cuenta propia y supongamos un riesgo para el sistema.
En la literatura libre, tenemos más opción de elegir y sentar nuestras propias preferencias, pero también aquí contamos con unos precios de mercado que no favorecen que la clase trabajadora pueda acceder a ella creando así una parte de la sociedad más prestada a la manipulación informática.
En cada uno de nosotros está el desafío de preocuparse en conocer otras realidades, bien a través del acceso a medios alternativos en las mismas redes sociales o seleccionando lo que se publica en la calle que aunque escaso, aún se encuentra.
El rol de las administraciones públicas, debiera ser facilitar la pluralidad y acceso a la diversidad mediante subvenciones a las publicaciones o divulgación propia a disposición de la sociedad, así como fomentar el hábito de la lectura como contribución a crear un estado crítico y no amorfo, pero como decía Don Quijote "con la iglesia hemos topado amigo Sancho".
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