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LOS CUCHILLOS DE LA INDIGNIDAD

20 de Junio del 2018 - josé Antonio GUTIÉRREZ GLEZ. (Piedras Blancas)

Concertinas, navajas o cuchillas son los diferentes nombres de una misma deshonra. Cortes profundos, capaces de atravesar piel y carne que para eso han sido colocadas. Numerosos testimonios gráficos constatan lesiones brutales, secuelas de por vida.

Su colocación en la valla de Melilla ha sido denunciada sistemáticamente por numerosas organizaciones humanitarias y criticada incluso por la Unión Europea. Fueron instaladas por primera vez en el año 2005 por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, retiradas por el mismo Ejecutivo dos años después y recuperadas por el Gobierno de Rajoy en el año 2013. La insistencia en su uso hace imposible llevar a cabo una política humana y solidaria con las personas que tratan de entrar clandestinamente en España.

La reciente declaración del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, de que estudiará la manera de retirar las concertinas de la valla de Melilla no solo es una excelente noticia para los derechos humanos, sino que, asimismo, es el reconocimiento de que su implantación ha sido un gravísimo error.

En los últimos años hemos visto suficientes imágenes para ser conscientes de la tragedia de la inmigración. Personas dispuestas a todo, hasta a sufrir torturas, ser esclavizadas o morir, para tratar de escapar de la violencia, el hambre y la miseria de sus países de origen. Esa terrible desesperación no se merece unos cuchillos estratégicamente colocados para producir lesiones y heridas. Más ello, tengámoslo claro, no les hará desistir de su empeño.

Precisamente por eso, porque el horror de los que huyen es peor que la incertidumbre a la que se enfrentan al realizar su viaje a Europa, es por tanto, imprescindible trazar políticas migratorias conjuntas. Control de flujos migratorios y colaboración con los países de origen son dos de las ideas que ha apuntado el nuevo ministro del Interior. Más reflexión, mayor planificación y menos represión, sin duda, son vías a explorar. Diversos son los intentos que han hecho los diferentes gobiernos españoles para llegar a acuerdos con los países de origen, que establezcan allí mejores condiciones para los que huyen y que repriman a las mafias, y que estos pasos no sean únicamente bilaterales, sino fruto de políticas respaldadas con empuje y firmeza por la Unión Europea.

A tener muy en cuenta, asimismo, que la ultraderecha no deja de crecer en Europa. Aupada por la falta de expectativas de muchos, su presencia no hace más que alentar la intolerancia y el racismo. Combatir la xenofobia es imprescindible para frenar su radicalidad, pero resulta muy difícil plantarle cara si los estados son los primeros en dejar de considerar a los inmigrantes como seres humanos con todos sus derechos. La retirada de las concertinas manifiesta una necesaria voluntad de respeto y solidaridad.

España, uno de los frentes de recepción de esa inmigración desesperada, sabe, y mucho, de esa solidaridad y también de la necesidad de acciones que regulen los flujos migratorios.

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