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Don Valentín de Lillo, cura de Vega

22 de Junio del 2018 - Juan de Lillo (Oviedo)

Mis hermanos y primos queremos agradecer a Ricardo Luis Arias la carta que publicó el pasado jueves, 21 de junio, así como otras y numerosos artículos dedicados durante los años precedentes a la memoria de nuestro tío-abuelo Valentín de Lillo y Hevia, cura de Vega, en Aller, durante 56 años. En sus publicaciones mostró un gran conocimiento de nuestro querido familiar, con especial insistencia en sus calidades humanas e intelectuales, como correspondían a su humilde santidad y generosa solidaridad, así como amplia cultura y calidad literaria. Las puertas de la vieja rectoral estuvieron siempre abiertas para quien se acercó en busca de pan o de consejo. Nunca alguien se alejó decepcionado de las muestras de su caridad ni de una buena palabra. Sus convecinos, parroquianos, amigos y conocidos, incluso quienes no lo eran, le manifestaron siempre respeto, reconocimiento, recuerdo (que mantienen sus hijos y nietos), como nos muestran con frecuencia, gratitud y afecto porque fueron testigos de la vida ejemplar de esta figura benemérita.

Mis hermanos y yo recordamos los viajes que en nuestra infancia hacíamos, alternándonos cada sábado o domingo en el tren del Vasco, acompañando a mi padre en sus visitas a Vega para pasar la tarde con el tío Valentín. Llegábamos a la estación de Cabañaquinta y desde allí a Vega a pie, apenas un kilómetro, por una carretera cuyo raído asfalto concluía en Fornos, y desde allí de gravilla hasta la rectoral. En los días más hostiles solía viajar mi padre solo, para evitarnos las molestias climatológicas.

Nuestro tío Valentín había nacido en El Pino en 1870, y durante algunos años de su infancia y juventud vivió en Gerona, donde su padre fue jefe de aduanas, y en Oviedo, donde ocupó la jefatura de orden público de la región. Nuestro bisabuelo era amigo y correligionario de Alejandro Pidal, y antes de desempeñar esos cargos, había sido secretario del Ayuntamiento de Aller cuando la capital era Collanzo. En el Seminario Conciliar ovetense nuestro tío cursó los estudios eclesiásticos, con alto rendimiento, y Cuerres, cerca de Ribadesella, fue su primera parroquia en 1895. Un año más tarde tomó posesión como párroco de Vega, donde falleció en la noche-madrugada del último día de 1952, tal vez en los primeros minutos de 1953. En enero de 1996, con motivo del centenario de su llegada a la parroquia allerana, por iniciativa de José Ángel García y en un sencillo acto, fue colocada una placa conmemorativa en la casa rectoral, que posteriormente fue trasladada a la fachada de la iglesia.

No obstante este acto que nuestra familia agradeció muy sinceramente, también lamentamos, como reitera Ricardo Luis Arias, que la, por tantas razones distinguida, figura de don Valentín haya caído inmerecidamente en el olvido.

Nuestra gratitud, de nuevo, a Ricardo Luis Arias.

Juan de Lillo, en nombre de los sobrinos del santo cura de Vega.

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