A los trabajadores de la Residencia de Mayores de Boal
Recientemente falleció en la Residencia de Mayores de Boal nuestra madre, Sara. Tenía demencia senil, una enfermedad incurable y degenerativa, en la que la persona afectada acaba siendo totalmente dependiente de otros para realizar las tareas básicas de la vida cotidiana, tales como comer, ducharse, vestirse, ir al baño... Sara ingresó en esta residencia el 2 de mayo de 2016 nerviosa, agitada, en un estado de desasosiego permanente y al cabo de una semana ya parecía otra persona. Destacar que no es nada fácil cuidar a alguien a quien su enfermedad le hace comportarse de una manera inapropiada, que no le permite agradecer todo lo que hacen por ella, respondiendo muchas veces con agresividad.
Todos los que allí trabajan demostraron una calidad humana y una sensibilidad inigualables con nuestra madre. Esa multitud de besos, caricias, sonrisas, abrazos y cuidados que brindan a los residentes no se enseñan en ninguna parte, surgen de las propias personas. No es fácil responder con una sonrisa a un insulto, no es fácil cuidar a alguien a quien su enfermedad ya no le permite recordar qué acaba de hacer o comer.
Nosotros, sus hijos, queremos felicitaros por vuestra profesionalidad, vuestra paciencia, vuestras caras siempre sonrientes, vuestras palabras siempre amables para todos. Cuando, con el corazón encogido, le preguntábamos a Susana, la directora, o a cualquiera de los cuidadores: “¿Qué tal hoy Sara?”, siempre te contestaban con una sonrisa: “Muy bien”, aunque horas antes los hubiera arañado cuando la duchaban, tirado del pelo o insultado. Nunca una mala cara, siempre una sonrisa para la familia y, sobre todo, para ella. Ahora que ya no está, nos sentimos en la obligación de dar a conocer vuestra profesionalidad y vuestro comportamiento. Ya quisiéramos muchos de nosotros estar a vuestra altura en nuestros trabajos. No os vamos a animar a que sigáis igual, sin desfallecer, porque no hace falta. Nuestra madre estuvo ingresada más de dos años y os comportasteis igual desde el primero al último día.
Sirvan estas líneas para mostrar nuestro más sincero agradecimiento a estos trabajadores, con su directora, Susana, al frente; la enfermera, Paula; los auxiliares María José, Tomás, Socorro, Mónica, Laura, Alicia, Rocío, Arancha y Tita. Mencionar también a Belén, la médica del Centro de Salud de Boal, que no sólo se limitó a paliar la enfermedad de nuestra madre, sino que, con su humanidad, dulzura y empatía, nos alivió y nos reconfortó. Finalmente, no queremos olvidarnos del resto de los residentes, que muchas veces tuvieron que soportar las consecuencias de su enfermedad. Cuando les preguntabas siempre te decían: “Pobrecita, hoy estuvo muy nerviosa”.
Gracias para siempre a esa gran familia que formáis la Residencia de Mayores de Boal. Os estaremos eternamente agradecidos y difícilmente podremos olvidar lo que hemos vivido con vosotras/os.
Luis, Lolo y Pili.
María del Pilar Valledor Pereda y sus hermanos José y Manuel, Pesoz
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