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Mieres, sin pulso

30 de Junio del 2018 - Flor Suárez Fernández (Oviedo)

El 16 de agosto de 2898, don Francisco Silvela, político español de la restauración, escribió un artículo en “El Tiempo”; en él ponía de manifiesto el estado agónico en el que se encontraba el país y lo tituló “España, sin pulso”.

120 años después, su diagnóstico es válidamente aplicable a la situación que vive hoy el municipio de Mieres, localidad donde nací y en la que mis antepasados dejaron su impronta, como tantos otros, en el desarrollo de esta villa minera.

“Mieres es el municipio más pobre de España”, rezaba un artículo de este periódico hace una semana.

Mieres es, además, un concejo que desde 1990 muestra una pirámide de población regresiva, cuyo índice de reemplazo generacional se situó en 0,98 hijos por mujer, lo que quiere decir que fue la localidad con la tasa de natalidad más baja del mundo. Esta falta de nacimientos en el concejo se agudiza con la emigración de jubilados a otras ciudades de la región y con la “fuga de cerebros” de población joven bien formada que busca oportunidades fuera de la villa. Resultado: despoblación, envejecimiento, en definitiva, pérdida de vitalidad.

Mieres, con todo y con ello, ha sido beneficiaria, que no beneficiada, de los fondos mineros desde que se inició el duro y fallido proceso de reconversión industrial a partir de los años 80. La nostalgia de un Mieres pujante nos lleva a los inicios del siglo XX. Mieres insufló de energía a la primera revolución industrial española y abasteció a las industrias europeas en la I Guerra mundial.

Pero, ¿qué ha sucedido en todo este tiempo? Volvamos al pasado más reciente; el advenimiento de la democracia iniciado en 1975 y coincidente con la crisis del petróleo, supuso un hito de inflexión desaprovechado por la clase política nacional, regional y local que volvió a demostrar una visión miope del futuro energético de la región; de nuevo en la historia la política se divorciaba de la economía.

A Mieres le quedan dos años de vida, en 2020 se cierran las minas de carbón; Hunosa, haciendo gala de su energía, desaparecerá o se transformará no sabemos en qué pero sí sabemos que es la propietaria de 8 millones de metros cuadrados en la región y que tiene una gran responsabilidad sobre el futuro de la comarca porque, no hay que olvidar que esta empresa minera nació y creció fagocitando la iniciativa privada que, como Fábrica de Mieres, fue la protagonista del desarrollo económico del concejo.

Y entonces, ¿qué hacen los poderes públicos? Volvemos a Mieres. Comienzan las disputas con otras ciudades de la región para crear en el campus de Mieres, el grado de Deportes, en una ciudad universitaria sin universitarios e infraestructuras, centro de reunión de jubilados que juegan al tute en la cafetería y una vez al año se realizan las pruebas EBAU, y se imparten algunas titulaciones sin apoyo público o empresarial para la promoción profesional en el municipio.

Soy testigo de la inacción de la Corporación local con sus periferias, sirva el ejemplo de la pedanía de Cuestavil o Costabil, como viene en llamarse actualmente. Situada en la Hueria de San Juan, es un enclave rural y minero, actualmente con 25 habitantes, con una media de edad de 70 años, conforma hoy un “pueblo fantasma”, propio de los “western” de Sergio Leone. La maleza invade el camino, el musgo se incrusta en el hormigón creando un manto resbaladizo que, con la lluvia, la nieve y en terreno de gran pendiente, hace imposible transitar por él sin riesgo de caídas o accidentes que son letales en los vecinos longevos del pueblo.

La inoperancia continúa. Cuestavil sigue manteniendo un retrete a la entrada del pueblo, al lado de la parada del bus. Sirve de depósito de basura (entiéndase insalubridad pública, impacto medioambiental). Es el vestigio histórico del bar el Xibliu, hoy demolido. Cuentan los lugareños que, encontrándose un parroquiano “evacuando” sidra en el citado retrete, un conductor que, probablemente no había “evacuado” aún, se empotró en el mismo y atropelló al “evacuando” partiéndole las piernas. ¿Será la aplicación de la ley de Memoria Histórica la razón de su preservación?, ¿estaré solicitando, sin saberlo, la demolición de un monumento a los caídos?

No, tampoco debe ser esto. Es sencillamente un abandono palpable: casas a punto de derrumbarse ponen en peligro la vida de los viandantes; entrada y salida al pueblo en curva sin paso de cebra, ni semáforo, ni señalización de paso de peatones. Eso sí, tanto los vecinos como los propietarios han de pagar religiosamente impuestos sin contraprestación, de algunos servicios públicos básicos.

Pues bien, no acaba aquí el declive de un núcleo rural rico tanto en patrimonio natural, con grandes extensiones de castaño, como en patrimonio industrial; es el caso de la abandonada instalación de la mina “Baltasara”. Ambos recursos, bien gestionados, resultarían muy útiles para revitalizar el concejo, con una política de desarrollo rural que cuenta con ayudas europeas infrautilizadas por el escaso apoyo de las corporaciones y asociaciones gestoras.

Estas iniciativas las he puesto en conocimiento del concejal responsable del área urbanística del consistorio de Mieres, con ellas solicitaba el apoyo de la institución para impulsar el saneamiento de la pedanía a fin de recobrar el pulso de la zona. Tras varias visitas obtengo promesas de actuación que se someterían al Pleno de la Corporación. Sólo tengo un compromiso de respuesta.

Han pasado 9 meses y no se ha producido “el parto de los montes”, más bien la callada por respuesta. Traslado mi queja al edil del Ayuntamiento, nueva promesa de atender mis peticiones. Ninguna contestación hasta la fecha.

Llegados a este punto, ¿a quién hay que exigir responsabilidades por la lenta agonía de este municipio? A la izquierda política, PSOE e IU, que se ha instalado en el consistorio durante décadas para, desde él, hacer propaganda ideológica, utilizando los despachos de la Alcaldía como si fueran locales del partido, llenos de pancartas de LGTBI y bandera republicana, olvidando que una institución pública representa a todos los ciudadanos y no únicamente a sus votantes. Mientras, el servicio público que ha de prestar un Ayuntamiento o “casa del pueblo”, término preferido por sus ocupantes, no llega “al pueblo” al que debe servir. Por el contrario, se sirven de el para fines sectarios. Mientras, Mieres se apaga.

Flor Suárez Fernández

Oviedo

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