Por fin fumata blanca en los Presupuestos de 2018
Por fin, y aunque con seis meses de retraso, acaban de ser aprobados definitivamente los Presupuestos Generales del Estado para 2018. En ellos, como cada año, hay apartados que gustarán a unos y serán reprobados por otros; ya se sabe que nunca se puede conseguir hacer las cosa a gusto de todos, y mucho menos gobernar. Como pensionista que soy, voy a centrarme en el apartado de la revalorización de las pensiones. Éstas, según parece y a petición o más bien imposición del PNV, van a ser revalorizadas con carácter general y retroactivo a 1 de enero de 2018, en un 1,6% (a excepción de las mínimas que según parece subirán un 3%), lo que equivale a decir que a los pensionistas se nos adeuda a día de hoy un 1,35%, que es la diferencia entre el 1,6% y el 0,25% que ya nos adelantaron sobre nuestra pensión mensual bruto y multiplicado por las siete pagas correspondientes a los meses de enero a junio y la extra de este último mes. Si comparamos esta subida con el mísero 0,25% con que se revalorizaban las pensiones en los últimos años, la cosa no es para tirar voladores, pero algo mejora la situación de tanto pensionista que a duras penas llega a fin de mes (aunque por suerte, no es mi caso). Lo que pasa que, como todo en la vida, esto viene a ser moneda de dos caras. Aún nadie nos ha dicho de dónde va a salir el dinero para pagar los miles de euros que en conjunto supone esta subida de nuestras pensiones, cuando se nos está diciendo que el sistema está teniendo déficit de caja año tras año. Uno que, como dice el refrán, “va sabiendo más por vieyu que por diablu” sospecha que al final resultará lo que siempre en estos casos dicen nuestros aldeanos, y es que posiblemente nos estén haciendo cambiar “el rabu por les oreyes”. Digo esto porque ya se habla de subir impuestos a troche y moche, y por mucho que eso nos lo envuelvan en papel de celofán haciéndolo pasar por apetitosos bombones, en forma de castigar con ello a los ricos, al final y en la práctica acaba resultando (con perdón) caca de la vaca. Hasta ahora, en los años que llevamos en democracia y donde cada año cada ciudadano tenemos que pasar por el confesionario del "Padre Hacienda", todos habremos podido comprobar que en el tema fiscal cuantas promesas han hecho unos y otros y cuantas reformas fiscales han llevado a cabo, al final, el “paganini” siempre acaba siendo el mismo: el asalariado, el autónomo y el pensionista. ¡Ojalá ahora me equivoque!
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